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Consumo


La próxima burbuja será la burbuja alimentaria

Prácticamente la mitad de la población mundial vive con menos de dos dólares diarios y gasta el 80% en comida. De ellos, 1.300 millones de personas viven con menos de un dólar diario (el mínimo que fija el Banco Mundial como límite de pobreza extrema), de los que 1.000 millones padecen desnutrición crónica, de los cuales 158 millones son niños.

De estos 1.000 millones con desnutrición crónica, el 85% pasa hambre. Hay que remarcar que de este grupo 34 millones de personas viven en el llamado mundo desarrollado. Además, la población se hacina en las ciudades, buscando -paradójicamente- un porvenir mejor: el 50% de la población urbana de Africa y el 40% de la de Latinoamérica, está desnutrida; en Calcuta, la cifra llega al 70%. La población mundial crece en 76 millones de personas cada año, la mayoría en países pobres.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), 34 países están en estos momentos en crisis alimentaria (la mayoría en el Africa subsahariana). La ONU advierte sobre el peligro de hambruna para 100 millones de personas, o que sus programas de ayuda alimentaria a 90 millones de personas pueden quedarse en nada como consecuencia de la subida de precios. Jean Ziegler, comisario de la ONU para la Alimentación, habla de 'asesinato masivo silencioso'.

Pero el problema es aún mucho más serio: la crisis alimentaria está haciendo ya estragos en esos 1.000 millones de personas con desnutrición crónica, en áreas de Latinoamérica y Caribe y Africa subsahariana; conforme la crisis avance, el siguiente colectivo es el de menos de dos dólares de ingresos diarios, con lo que en pocos años el hambre crónica afectará a la mitad de la población mundial. Para la otra mitad, las dificultades económicas para comprar alimentos serán crecientes. Estamos ante una verdadera tragedia para toda la Humanidad.

La capacidad de producir alimentos es, sin embargo, mayor que nunca. Un reciente informe de la Food Policy Research Institute dice que podemos producir alimentos de sobra para toda la población mundial. En realidad, hoy se producen alimentos para alimentar al DOBLE de la población actual del Planeta.

Por desgracia, el neoliberalismo no va por ese camino. Comparemos cifras. Los países del Tercer Mundo importarán en 2008 alimentos por valor de 38.700 millones de dólares; sólo en 2007 los EEUU han gastado en la guerra de Irak (seguramente las cifras son superiores) 137.600 millones de dólares, tres veces el importe de los alimentos importados por los países pobres.

Mientras los pueblos salen a la calle porque no tienen qué comer...

En 2007 en México el precio de las tortillas, alimento básico, subió un 50%. Decenas de miles de trabajadores y campesinos se manifestaron en la capital, consiguiendo que, de momento, se limitase el precio de las tortillas.

Además de México, se han producido grandes movilizaciones contra el aumento del precio de los alimentos en Indonesia, Filipinas, Costa de Marfil, Senegal, Bolivia, Etiopía, Madagascar, Tailandia, Pakistán, Mauritania, Marruecos, Yemen, Guinea, Mozambique y, recientemente, Camerún, Burkina Faso y Haití. Centenares de muertos.

Junio 2007. El Congreso del MST acuerda como uno de sus ejes fundamentales 'combatir las empresas transnacionales que quieren controlar las semillas, la producción y el comercio agrícola brasileño, como la Monsanto, Syngenta, Cargill, Bunge, ADM, Nestlé, Basf, Bayer, Aracruz, Stora Enso, entre otras. Impedir que continúen explorando nuestra naturaleza, nuestra fuerza de trabajo y nuestro país'.

... Las multinacionales de la alimentación tienen beneficios astronómicos

Los beneficios de Nestlé crecieron un 7% el año pasado; también crecieron sustancialmente los beneficios de la Carrefour francesa y de la Wal-Mart americana. Wal-Mart en México controla el 30% de las ventas totales de alimentos; han incremento un 11% sus beneficios en el primer trimestre de 2008, mientras la gente no puede comprar las tortillas.

Las empresas de semillas y agroquímicas también tienen buenos resultados. Monsanto tuvo un 54% más de beneficios en 2007, Dupont un 21% y Syngenta un 28%. Monsanto, Bayer, Syngenta, Dupont, Basf y Dow controlan el total de las semillas trasgénicas del mundo. Cargill, ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus controlan más del 80% del comercio mundial de cereales.

He aquí los datos económicos de las multinacionales agrarias más importantes (fuente de estos datos: La crisis alimentaria, Rebelión, Esp., 210508, Ian Angus)

- comercio de granos

Archer Daniels Midland (ADM). Beneficio bruto: 1.150 millones de dólares, un aumento de un 55% desde el año pasado.
Cargill: Beneficios netos: 1.030 millones de dólares. Aumento: un 86%.
Bunge: Beneficio bruto consolidado: 867 millones de dólares. Aumento: 189%

- semillas y herbicidas

Monsanto. Beneficio bruto: $2.230 millones de dólares. Aumento: un 54%.

Dupont Agriculture and Nutrition. Ingreso operativo antes de impuestos: 786 millones de dólares. Aumento: un 21%.

- fertilizantes

Potash Corporation. Ingreso neto: 66 millones, aumento: 185,9 %
Mosaic: Beneficios netos: 528,8 millones, aumento más de un 1.200%

'Seis compañías controlan un 85% del comercio mundial en granos; tres controlan un 83% del cacao; tres controlan un 80% del comercio con plátanos. ADM, Cargill y Bunge controlan efectivamente el maíz del mundo, lo que significa que sólo ellos deciden qué parte de la cosecha de cada año va a la producción de etanol, edulcorantes, alimento para animales o alimentos para seres humanos'. (La crisis alimentaria, Rebelión, Esp., 210508, Ian Angus)

Los precios de los alimentos

En los últimos tres años, los precios de los alimentos subieron un 83%. La subida promedio de los alimentos en 2007 fue del 25,6%, según el FMI. En Latinoamérica, creció en Chile un 34,2%, en Brasil un 23,6% y en Argentina entre el 36 y el 39%

El incremento de precios 2006-2007 ha sido del 40% en el trigo, 32% en el maíz y un 44% en la cebada. El pollo subió un 30% en los EEUU porque la producción de maíz está casi toda destinada al etanol. La leche ha subido un 14% a lo largo de 2007. La mantequilla ha subido un 40% en un año.

El proceso se acelera: a finales de marzo 2008 los precios de arroz y trigo eran el doble de un año atrás. Los del maíz eran el triple.

Las previsiones de incremento de precios de los productos agrícolas es del 20 al 30% entre 2007 y 2010 y del 26 al 135% entre 2007 y 2020.

Los países del Tercer Mundo pagarán un 56% más en la importación de cereales en 2007-2008 y eso afectará seriamente a 37 países, según las previsiones de la FAO.

El maíz ha triplicado su precio en un año y ha elevado el precio del ganado (carne, leche, mantequilla, huevos) que se alimenta con este cereal (cerdos, bovinos, aves). En 2007 las exportaciones de maíz disminuyeron porque un 19% de la cosecha se dedicó a la fabricación de biocombustibles, un 30% más que el año anterior.

El arroz es la dieta básica de 3.000 millones de personas, la mitad de la Humanidad. 'Es muy duro. El kilo de arroz costaba 300 francos CFA (0,5 euros) y ahora cuesta 350. El resto de alimentos también ha subido. No es posible llegar a fin de mes', se queja Odile Zongo, empleada doméstica en Ouagadougou, la capital de Burkina Faso. (Público, Esp., 250408). Tailandia es el mayor exportador mundial de arroz; el precio se ha casi triplicado en 2008. El precio del arroz se ha duplicado en Asia en los últimos tres meses.

El precio del trigo aumentó un 130% en 2007, se ha doblado de marzo/08 a marzo/07 y ha aumentado un 25% en mayo respecto al mes anterior.

España. Septiembre 2007. Un kilo de pan cuesta 2,60 euros, pero un kilo de trigo cuesta 0,21 céntimos. El pollo ha subido un 20%. El precio de los huevos ha crecido un 12% en agosto 2007, con un crecimiento interanual del 28%. En 2007 los precios de los cereales han crecido entre el 50 y el 100%, coincidiendo con las cosechas más elevadas de la última década; de mayo a octubre 2007 el precio de la leche creció un 25% para el consumidor. Además, la UE tiene una política de reducción de la oferta, lo que ha contribuido al incremento de precios. El precio del arroz ha subido un 20%, el del maíz 50%, el trigo 100% en 2007.

En Egipto el pan ha subido un 35% y el aceite un 26% en 2007.

Haití se autoabastecía de arroz hace unos años. Con la liberalización de mercados llegó arroz barato (subvencionado) desde los EEUU y arruinó la producción local. Ahora el arroz está un 50% más caro que el año pasado. El mismo problema comienza a afectar a Filipinas: el Banco Mundial orientó a Filipinas a conseguir el arroz de las importaciones y no de la producción propia.

Kenia producía suficientes alimentos para su población hace 25 años; hoy importa el 80% de los alimentos que consume.

El Banco Mundial y el FMI han hecho que los países más pobres cultiven para la exportación aquellos artículos que les convienen a las multinacionales e importen los alimentos que necesitan. La agricultura de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) recibe 350.000 millones de dólares en subvenciones al año, con lo que colocan sus productos en todo el mundo a unos precios con los que los agricultores del Tercer Mundo no pueden competir. El 70% de los países pobres son importadores netos de alimentos.

Para evitar la rebelión de los pueblos, algunos países han prohibido o restringido las exportaciones de los cereales que aún producen. Son los casos de Kazajstán, Rusia, Ucrania, Argentina, Indonesia, Egipto e India. Han tomado las mismas medidas China, Vietnam y Camboya, para garantizar la seguridad alimentaria de sus poblaciones. Con ello la presión sobre los precios ha aumentado, porque un porcentaje muy significativo de alimentos no llegan a los mercados mundiales al haber protegido algunos países sus mercados internos.

Por su parte, las grandes compañías acaparan cereales en momentos determinados para lograr desabastecimiento y justificar mejor los aumentos de precios.

¿Es el etanol el causante de la subida de precios?

'El demoledor impacto del encarecimiento de los alimentos, que se producirá inexorablemente en la medida en que la tierra pueda ser utilizada para producirlos o para producir carburante, fue demostrado en la obra de C. Ford Runge y Benjamin Senauer, dos distinguidos académicos de la Universidad de Minnesota, en un artículo publicado en la edición en lengua inglesa de la revista Foreign Affairs, cuyo título lo dice todo: 'El modo en que los biocombustibles podrían matar por inanición a los pobres'. Los autores sostienen que en Estados Unidos el crecimiento de la industria del agrocombustible ha dado lugar a incrementos no solo en los precios del maíz, las semillas oleaginosas y otros granos, sino también en los precios de los cultivos y productos que al parecer no guardan relación. El uso de la tierra para cultivar el maíz que alimente las fauces del etanol está reduciendo el área destinada a otros cultivos. Los procesadores de alimentos que utilizan cultivos como los guisantes y el maíz tierno se han visto obligados a pagar precios más altos para mantener los suministros seguros, costo que a la larga pasará a los consumidores. El aumento de los precios de los alimentos también está golpeando las industrias ganaderas y avícolas. Los costos más altos han provocado la caída abrupta de los ingresos, en especial en los sectores avícola y porcino. Si los ingresos continúan disminuyendo, la producción también lo hará y aumentarán los precios del pollo, pavo, cerdo, leche y huevos. Advierten que los efectos más devastadores de la subida del precio de los alimentos se sentirán especialmente en los países del Tercer Mundo.' (Se intensifica el debate, Fidel Castro 090507)'

La demanda de etanol elevará un 9% la utilización industrial de granos en 2007-2008. Los propios economistas neoliberales han establecido que la fabricación de biocombustibles incide en un 25-30% en los incrementos de precios de los alimentos.

El etanol, pues, contribuye a la subida de precios, pero no la explica en su totalidad.

¿Es la sequía la causante de la subida de precios?

Las cosechas de trigo disminuyeron en 2007. Las cosechas en Rusia, Ucrania, Centroeuropa y Canadá fueron a la baja el año pasado. La sequía afecta sensiblemente al norte de Africa (Marruecos reduce a la mitad sus cosechas de trigo) y al Africa meridional (reducción de cosechas por segundo año consecutivo). Lo mismo pasa en Bolivia con la sequía y las inundaciones de 2007. La inestabilidad política en Somalia, con traslados de fuertes contingentes de población, afecta a las cosechas igualmente. En lo que se refiere al arroz, si exceptuamos a China e India (los mayores productores del mundo), la cosecha desciende en 2007. Australia también está afectada por una gran sequía.

La FAO advirtió a finales de 2007 que tenemos las reservas de alimentos más bajas en los últimos 25 años (la fabricación de biocombustibles también tiene que ver con esto). Pero, a pesar de todo, la cosecha mundial de granos fue en 2007 un 4% mayor que el año anterior.

Desde 1961 la producción mundial de granos se ha triplicado, mientras que la población se ha duplicado.

La sequía y la bajada en las reservas de alimentos, pues, contribuyen a la subida de precios, pero no la explican en su totalidad.

¿Es la mayor demanda de china e india la causante de la subida de precios?

El crecimiento de la demanda en China e India es del 10% y 8% respectivamente, provocando un 5% de incremento de la demanda mundial, por lo que no puede argumentarse que los alimentos suben ''porque los chinos comen más carne', que es una de las tesis preferidas de los ideólogos neoliberales.

El aumento de la demanda, pues, contribuye a la subida de precios, pero no la explica en su totalidad.

¿Es la devaluación del dólar la causante de la subida de precios?

En 2007, el dólar cayó un 28% frente al euro. Las oscilaciones del dólar afectan al mercado mundial de los alimentos: en marzo pasado, en dos días bajaron los precios de la soja, el trigo y el maíz entre un 8 y un 17% porque el dólar se recuperó ocasionalmente. Luego volvieron a subir.

La caída del dólar, pues, contribuye a la subida de precios, pero no la explica en su totalidad.

Los precios suben porque se especula con ellos

Al estallar la burbuja inmobiliaria, entre 150.000 y 270.000 millones de dólares se lanzaron a especular con los precios a futuros (commodities) de las materias primas agrícolas (fuente: la consultora norteamericana Lehman Brothers), en los últimos meses de 2007. En el primer bimestre de 2008 la especulación sumó otros 40.000 millones de dólares más. Por contra, en el año 2000 tan 'sólo' 5.000 millones de dólares especulaban con los precios de los alimentos.

Con el estallido de la burbuja inmobiliaria a partir de agosto 2007, pues, muchos capitales especulativos se han trasladado del 'ladrillo' a los futuros de los precios de los alimentos. Y estos precios se han disparado.

Estas operaciones tienen su centro en Chicago. Y en una sola entidad: el Chicago Board of Trade (Bolsa del Comercio de Chicago), la mayor bolsa del mundo en compraventa de commodities. La mayoría de las cosechas de los próximos años ya están cotizadas a futuro como commodities y, lógicamente, a precios cada vez más altos.

Lo mismo está sucediendo con el petróleo, con compras a futuro lideradas por la Texaco, Esso y Shell. El precio del petróleo incide a su vez en el precio de los alimentos: 'los costos de los fertilizantes, la puesta en marcha de la maquinaria, la cosecha, el almacenamiento y la entrega de alimentos' (Rebelión, Esp., 230408, Martín Khor).

Los mismo que en el caso de la vivienda, los especuladores son conscientes de que estamos ante una burbuja que 'estallará' cuando la situación se haga insostenible. Dicen que la subida de los precios de los alimentos se mantendrá hasta el 2015 (traducimos: los capitalistas creen que pueden mantener la burbuja alimentaria hasta el 2015, y así la operación especulativa gana en estabilidad porque aún tiene unos años por delante). En esta dirección han ido las declaraciones del presidente del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, añadiendo, por si no estaba suficientemente claro, que los precios jamás podrán recuperar los niveles de 2004.

Por Andreu Martí en Argenpress - 9 de Junio, 2008, 23:30, Categoría: Consumo
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Alimentos: silencioso asesinato en masa en países en desarrollo

■ Cambiar el sistema agroalimentario, única alternativa para detener el fenómeno

■ El futuro inmediato, de penuria y altos precios

■ Los transgénicos no serán la solución

Luis Hernández Navarro
 

Comenzó en México como la guerra de la tortilla en enero de 2007. Se siguió a Italia como la huelga del espagueti nueve meses más tarde. Después se convirtió en alud imparable. Las protestas contra el alza en el precio de los alimentos se sucedieron en Haití, Mauritania, Yemen, Filipinas, Egipto, Bangladesh, Indonesia, Marruecos, Guinea, Mozambique, Senegal, Camerún y Burkina Faso.

En el mundo de hoy hay más hambre de la que había. La desesperación y la rabia ante el hecho de no tener un bocado que llevarse a la boca han provocado saqueos y robo de cereales en campos, bodegas y tiendas; también caos, pillaje e incendios. Muchos gobiernos han respondido con detenciones arbitrarias, asesinatos y torturas. En Pakistán y Tailandia los ejércitos patrullan las calles.

En Haití, las manifestaciones dejaron saldo de varios muertos y decenas de heridos. Para paliar el descontento, el haitiano René Preval anunció un programa de subvención para la producción local de arroz, leche y huevos.

En Marruecos, ciudadanos furiosos han formado los tansikiyate para luchar contra el alza de precios de productos de primera necesidad. El pan subió de golpe 25 por ciento en septiembre de 2007, y se produjeron graves incidentes en la ciudad de Sefrú.

En Egipto, el descontento actual remite a épocas pasadas. El clérigo Sheik Yusef al Bradi, de la Universidad de Al Azar, recordó las similitudes con la famosa “revuelta del pan” en 1977, cuando el gobierno intentó recortar las subvenciones a los alimentos y se produjeron grandes disturbios. Por lo menos tres personas murieron en el delta del Nilo.

En febrero de 2008 se suscitaron graves conflictos en Camerún. La policía reprimió salvajemente a los inconformes. El presidente Paul Biya, quien gobierna desde 1982, reconoció 40 muertos; los inconformes afirman que fueron más de 100.

Se trata de un hecho global. Usualmente la escasez generalizada de alimentos se ha producido en países y regiones localizadas, ante desastres naturales, plagas o guerras. Pero ahora sucede de manera simultánea en multitud de naciones y varios continentes.

El aumento –por ejemplo– a los precios del trigo tiene impacto real, pero limitado, para los consumidores europeos. En el viejo continente el pan supone apenas 1.8 por ciento del costo de la canasta básica. Pero en países con poblaciones pobres, como India, China y Egipto, que han hecho grandes esfuerzos por combatir la desnutrición, ha tenido efectos severos.

La situación es dramática. Cada cinco segundos se produce en el mundo una muerte de un menor de 10 años por hambre, y la situación va a agravarse. Hay cerca de 850 millones de seres humanos que no tienen que comer. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estima que, a partir de la actual crisis, hay 100 millones de personas hambrientas más. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), en 37 países se ha desatado una crisis alimentaria. En 2008, los naciones más pobres pagarán 65 por ciento más por sus importaciones de cereales; en algunos países africanos el incremento será de 74 por ciento.

Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a los alimentos, sostiene que es como si detrás de cada víctima por la hambruna hubiese un asesinato. “Esto es un asesinato en masa silencioso.”

La ley de San Garabato (vender caro, comprar barato)

La producción de alimentos se ha modificado notablemente en el último año y medio. Las piezas del sistema agroalimentario mundial se han trastocado. Hasta ahora la agricultura se había caracterizado por una caída sostenida en los precios reales, acompañada por incrementos temporales en los precios de algunos productos, cultivos excedentes, agresivas políticas de apoyo a los precios y protección comercial. Esta disminución en los precios ocurrió a pesar del aumento en los costos de fertilizantes y energéticos.

Esa tendencia cambió ya radicalmente. El nivel de reservas de granos y oleaginosas, de acuerdo con los estándares históricos, se ha reducido dramáticamente. Sus precios se han incrementado hasta llegar a las nubes.

Hoy, el arroz cuesta en Asia tres veces más de lo que valía hace apenas tres meses. En la bolsa de Chicago el precio de un bushel (25.401 kilogramos) de maíz alcanzó 6.37 dólares, precio nunca antes visto. El trigo elevó su valor 130 por ciento en un año.

Esta escalada inflacionaria abarca muchos otros productos agropecuarios. En México el litro de aceite subió de 6.73 pesos en enero de 2006 a 36.50 en abril de 2008, mientras el pan de caja pasó de 13.21 pesos en enero de 2006 a 24 en abril de este año. En casi todo el mundo han aumentado lácteos, carnes, huevo, vegetales y frutas.

Irónicamente, durante 2007 la producción mundial de granos aumentó 4 por ciento en relación con 2006. La cosecha fue de 2 mil 300 millones de toneladas. Esto es un volumen tres veces mayor al obtenido en 1961. Sin embargo, durante ese mismo lapso la población humana se duplicó.

El problema del hambre en el mundo no es, entonces, falta de comida, sino que millones de seres humanos no pueden comprarla. En contra de lo que señalan las leyes del mercado, que dicen que si la producción aumenta los precios bajan, el costo de los alimentos ha subido.

Parte de la adversidad proviene de la creciente concentración monopólica de la industria agroalimentaria mundial. El hambre de muchos es la bonanza de pocos. En momentos de adversidad como la actual, un puñado de empresas han visto crecer sus ganancias de manera desorbitada.

Es el caso de las compañías dedicadas a la fabricación de fertilizantes. Durante 2007, Potato Corp incrementó sus beneficios 72 por ciento respecto de 2006. Yara tuvo 44 por ciento más utilidades. Las ganancias de Sinochem crecieron 95 por ciento, y las de Mosaic 141 por ciento.

También las grandes comercializadoras de granos. Durante los tres primeros meses de 2008, Cargill obtuvo beneficios 86 por ciento mayores que durante el mismo periodo del año anterior. En 2007, ADM tuvo ganacias 67 por ciento superiores a las de 2006; Conagra, 30 por ciento; Bunge, 49 por ciento, y Noble Group, 92 por ciento.

Igual suerte tienen las multinacionales procesadoras de alimentos, como Nestlé y Unilever, y las firmas dedicadas a producir semillas y agroquímicos, como Dupont, Monsanto y Sygenta. (Véase, “El negocio de matar de hambre”, Grain, abril de 2008).

Los granos de la mazorca

¿Por qué, entonces, si el volumen de la cosecha de granos en 2007 logró récord mundial, los precios de los alimentos se han elevado?

Básicamente, por la confluencia de cinco factores en el marco de la crisis general de un modelo de producción agropecuario. Éstos son: utilización de granos básicos para elaborar agrocombustibles; incremento en el precio de los insumos; efectos del calentamiento global en la agricultura; cambios en el patrón de consumo alimentario, y la especulación en la bolsa de valores. Todo ellos como parte de la crisis del modelo de la agricultura industrial en grandes predios, altamente dependiente del petróleo, basada en la lógica de las ventajas comparativas y el libre comercio, dominante hoy día.

En sincronía con el aumento del precio del petróleo en el mundo, se ha intensificado la elaboración de agrocombustibles. Más que por el impulso del mercado, su fabricación ha crecido por el apoyo de cuantiosos subsidios y políticas públicas destinadas a su fomento. La Unión Europea acordó como obligación para 2010 que 5.75 por ciento del transporte se base en bioetanol y biodiesel. En Estados Unidos, la legislación prevé que en 2012 se usarán 27 mil millones de litros de agrocombustibles. George W. Bush propuso como meta elaborar 133 millones de litros en 2017. Para ello se ha establecido un ambicioso programa de incentivos económicos a los productores.

El crecimiento de la demanda mundial de agrocombustibles ha reducido la producción de granos, reconvertido los cultivos en amplias superficies agrícolas y disparado los precios. La población mundial consume directamente menos de la mitad de los granos que se cosechan. El resto sirve para alimentar vacas y vehículos motorizados.

El incremento en el precio del petróleo ha subido los costos de producción agrícola. El modelo preponderante es adicto al oro negro. No puede sembrar sin él. Los fertilizantes y parte de los agroquímicos utilizados en las cosechas son hechos con petróleo. La maquinaria y los vehículos para sembrar, cosechar, procesar, almacenar y transportar necesitan combustibles y aceites provenientes de refinados del petróleo. Parte de la energía eléctrica requerida para extraer agua y regar los sembradíos se genera con derivados del petróleo. Los plásticos que cubren invernaderos y las mangueras para regar los campos son fabricados con materias primas provenientes del petróleo. Los materiales para envasar y el trasporte hacia los mercados requieren derivados del petróleo. Y todos ellos cuestan más ahora. Plásticos como el polipropileno valen hasta 70 por ciento más que en 2003.

El modelo agrícola industrial preponderante es parcialmente causante del cambio climático. Ahora, esa transformación ha dislocado la agricultura mundial. La tradicional incertidumbre del sector es mucho mayor. El uso excesivo de fertilizantes, la degradación de suelos, la reconversión de terrenos antes forestales y la ganadería han convertido la agricultura en uno de los mayores productores de gases de efecto invernadero. Según el informe Stern, la suma de producción agrícola, cambio de uso del suelo, producción y comercialización de insumos y fabricación de equipos e implementos agropecuarios, son responsables de 41 por ciento del total de gas carbónico que se emite en el mundo.

El clima ha enloquecido y arrastrado la vida rural. La sequía en Australia devastó las siembras de trigo, y las exportaciones cayeron más de 20 por ciento. Canadá, segundo productor mundial después de Estados Unidos, va a tener la producción más pequeña en cinco años. En Kansas se sufrieron nevadas. En China, el calentamiento global acortará el periodo de crecimiento de los cereales y las semillas no tendrán tiempo de madurar. Además, las recientes inundaciones destruyeron 5.5 millones de hectáreas de trigo y colza. Sequías y lluvias amenazan con derrumbar las cosechas por doquier.

El crecimiento económico en países como India y China ha modificado la pauta de consumo alimentario de millones de personas. Hoy comen más, mejor y otro tipo de productos. Por ejemplo, el consumo de carne de vacuno ha aumentado. Pero para producir un kilo de carne de res en pie se necesitan ocho kilos de cereales. Un kilo de carne comestible requiere el doble de cereales. Así, detrás de los millones de hamburguesas que se consumen en el mundo hay más y más sembradíos de granos y oleaginosas para engordar vacas.

El mercado agrícola ha entrado en la órbita financiera. La comida forma parte del casino de la especulación financiera. Ante la crisis de las hipotecas, la debilidad del dólar y la recesión en Estados Unidos, los fondos de inversión se han trasladado al lucrativo negocio del hambre. La comida se ha convertido –mucho más de lo que ya era– en bien para especular. Durante 2007, dichos fondos invirtieron 175 mil millones de dólares en el mercado de futuros (contratos que obligan a comprar o vender una mercancía a un precio y un plazo determinados). Actualmente dominan 40 por ciento de los contratos en la bolsa de valores de Chicago, proporción sin precedente. La compra de soya en ese terreno pasó de 10 millones de toneladas en marzo de 2007 a 21 millones el mismo mes de este año.

Un modelo en crisis

La producción de alimentos es un arma clave y poderosa que Estados Unidos ha aceitado desde hace décadas. Guerra, alimentos y derechos de propiedad intelectual están estrechamente vinculados con la estrategia económica de la Casa Blanca desde los años 70. Desarrollo de la industria militar, producción masiva de granos y patentes han sido pilares de la hegemonía estadunidense en la economía mundial.

La comida es un instrumento de presión imperial. John Block, secretario de Agricultura entre 1981 y 1985, afirmó: “El esfuerzo de algunos países en vías de desarrollo por volverse autosuficientes en la producción de alimentos debe ser un recuerdo de épocas pasadas. Éstos podrían ahorrar dinero importando alimentos de Estados Unidos”.

Los productos agrícolas made in USA son una de las principales mercancías de exportación de ese país. Con su mercado interno saturado está empujando, agresivamente, para abrir las fronteras a sus alimentos. Una de cada tres hectáreas se destina a cultivar productos agropecuarios para exportación. Una cuarta parte del comercio rural la realiza con otros países. Si hasta antes de 1973 los ingresos por las ventas de este sector al exterior fluctuaban alrededor de 10 mil millones de dólares cada año, a partir de entonces aumentan en un promedio anual de 60 mil millones. El éxito se basó, en mucho, en la combinación de apoyos gubernamentales a la producción y al producto, para derrumbar los precios por debajo de los costos de producción, así como en abundantes subsidios a la exportación.

El presidente George W. Bush lo ratificó al firmar la Ley de Seguridad para las Granjas e Inversión Rural de 2002. “Los estadunidenses –dijo– no pueden comer todo lo que los agricultores y rancheros del país producen. Por ello tiene sentido exportar más alimentos. Hoy, 25 por ciento de los ingresos agrícolas estadunidenses provienen de exportaciones, lo cual significa que el acceso a los mercados exteriores es crucial para la sobrevivencia de nuestros agricultores y rancheros. Permítanme ponerlo tan sencillo como puedo: nosotros queremos vender nuestro ganado, maíz y frijoles a la gente en el mundo que necesita comer.”

Sistemáticamente, los organismos financieros multilaterales han promovido la destrucción de la producción agrícola local y la importación de alimentos de las naciones más pobres. El 70 por ciento de los países en desarrollo son ahora importadores netos de alimentos. Sus habitantes viven el asesinato silencioso en masa de esta guerra no declarada.

Aunque los springbreakers del libre comercio, como Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, insisten en que para superar la crisis hay que hacer más de lo mismo, esto es, liberalizar los mercados, desregular la economía, desarrollar nueva tecnología y dar ayuda alimentaria, el modelo de agricultura industrial y ventajas comparativas comienza a cuartearse. Los estados se han decidido a intervenir en la economía.

Según Economist Intelligence Unit (La Jornada, 29/4/08), “de 58 países cuyas reacciones son seguidas por el Banco Mundial, 48 han impuesto controles, subsidios al consumidor, restricciones a la exportación o aranceles inferiores”. Malawi ha desafiado con éxito el Consenso de Washington y se ha convertido en exportador de granos.

A finales de febrero el presidente Evo Morales aprobó un decreto que prohíbe temporalmente la exportación de varios alimentos, como carne de res y arroz, debido a la escasez en el mercado. La medida también afecta al trigo, el maíz, el azúcar y los aceites comestibles, que Bolivia exportaba a naciones vecinas, cuya carestía en el mercado local disparó los precios. Según el mandatario boliviano, “en la vivencia familiar, cuando sobran nuestros productos, tenemos todo el derecho a vender y exportar; si faltan, estamos en la obligación de garantizar la alimentación familiar”.

Quince países latinoamericanos acordaron en la Cumbre sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria declarar la emergencia. Nicolás Maduro, canciller venezolano, propuso crear un “fondo agrícola-petrolero” y un banco latinoamericano de productos agropecuarios. Los gobiernos centroamericanos están desembolsando dinero en efectivo, dando fertilizantes y semillas mejoradas, comprando granos a los campesinos para evitar que los altos precios terminen hundiendo en la miseria a millones de personas.

India ha prohibido que arroz, trigo, garbanzos, papas, caucho y aceite de soya coticen en el mercado de futuros. Rusia ha congelado precios de leche, huevos, aceite y pan. El gobierno chileno entregará un bono equivalente a unos 45.5 dólares a un millón 400 mil familias pobres. Indonesia ha triplicado sus subsidios a los alimentos.

La superficie agrícola llegó, en lo esencial, a su límite. El modelo de revolución verde de los 60 ha alcanzado un tope. Entre los 70 y 90, los rendimientos agrícolas crecieron a un ritmo de 2.2 por ciento al año. Sin embargo, ahora aumentan a una tasa de uno por ciento anual. No hay tierra agrícola suficiente para producir simultáneamente granos para la alimentación humana y para “dar de comer” a los automóviles. Es falso que transgénicos vayan a resolver esa crisis; por el contrario, la agravarán.

Para los pobres del mundo, las noticias no son buenas. El futuro inmediato será de penuria alimentaria y altos precios. No hay perspectiva de comida barata.

El asesinato silencioso en masa que viven hoy las naciones no desarrolladas y sus pueblos debe ser detenido. Ello sólo será posible cambiando drásticamente el actual sistema agroalimentario. La solución al problema está en manos de 450 millones de campesinos minifundistas, a los que, por todos los medios, se ha tratado de expulsar de sus parcelas. Tres cuartas partes de los pobres del mundo sobreviven de la agricultura, y 95 por ciento de los campesinos habitan en países pobres. Es a ellos a quienes debe apoyarse.

También deben impulsarse políticas públicas que defiendan la soberanía alimentaria de las naciones. Cuando sea necesario, los gobiernos deben tener el derecho a cerrar sus fronteras para defender su producción interna, a apoyar a sus productores con los estímulos que consideren convenientes. Hoy, más que nunca, la agricultura debe estar fuera de la Organización Mundial del Comercio.

Como lo saben quienes han vivido guerras, la mayor debilidad de una nación es depender de otras para alimentar a sus ciudadanos. La comida más cara es la que no se tiene.

Por La Jornada - 26 de Mayo, 2008, 22:36, Categoría: Consumo
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Rescatadoras de pollos

La desigualdad y la injusticia adoptan muchas formas, a veces, el sinsentido del capitalismo incluso les da la forma de una rosa roja. Las raíces de algunas flores son muy profundas, del tallo se clavan en el suelo bajo nuestros pies y de ahí siguen creciendo, atraviesan el Atlántico a gran velocidad y se detienen en la sabana de Bogotá. Allí, bajo plásticos para mantener el calor de la desesperación humana, se nutren de machismo, de fumigaciones, de acosos, de injusticia, de pobreza, de hambre, de enfermedades, de trabajos sin derechos, de jornadas donde el reloj se guarda en el bolsillo del propietario y no sale de ahí hasta que él decida, de salarios que apenas permiten comprar un poco de aire, enfermo, donde respirar, de ciudades basura donde se malvive, de familias desmenuzadas como los suelos agrarios bajo sus pies hinchados...
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Por Rescatadoras de pollos - 26 de Mayo, 2008, 22:32, Categoría: Consumo
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¿Quién gana con la crisis alimentaria mundial?

Quién gana con la crisis alimentaria mundial?

El precio de los alimentos y, en especial, de los cereales básicos ha aumentado espectacularmente en estos últimos meses. Los medios de comunicación nos han mostrado nuevas revueltas del hambre en los países del Sur que nos recuerdan aquellas que se llevaron a cabo a mediados y finales de los ochenta contra los planes de ajuste estructural impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En países como Haití, Pakistán, Guinea, Marruecos, México, Senegal, Uzbekistán, Bangladesh… la gente ha salido a la calle para decir: “Ya basta”. Pero, ¿qué se esconde detrás de la crisis alimentaria mundial? ¿Todo el mundo pierde? ¿Hay quien sale ganando?

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Por Esther Vivas - 26 de Mayo, 2008, 22:28, Categoría: Consumo
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En defensa de la tierra y de la soberanía alimentaria

Contra el “libre comercio” de alimentos. Por un consumo responsable agroecológico autogestionado.

Desde tiempos inmemoriales, l@s campesin@s aplican técnicas de cultivo respetuosas con la fertilidad de la tierra, las especies mejor adaptadas a cada territorio y la lucha biológica contra las plagas. Sin embargo, el campesinado es una “especie en extinción” a manos de empresas agroalimentarias cuyo producto principal no son los alimentos sanos y nutritivos, sino el beneficio económico.
LAS MULTINACIONALES CONTRA L@S CAMPESIN@S Y L@S CONSUMIDOR@S.

Desde tiempos inmemoriales, l@s campesin@s aplican técnicas de cultivo respetuosas con la fertilidad de la tierra, las especies mejor adaptadas a cada territorio y la lucha biológica contra las plagas. Sin embargo, el campesinado es una “especie en extinción” a manos de empresas agroalimentarias cuyo producto principal no son los alimentos sanos y nutritivos, sino el beneficio económico.
El desembarco del gran capital en la producción y distribución de alimentos arruina la pequeña y mediana explotación agropecuaria y el pequeño comercio. Producir alimentos sanos respetando la naturaleza es más caro, por unidad de producto, que producir comida basura a gran escala para el mercado mundial. Sin embargo, la producción campesina respetuosa con la salud pública, los derechos sociales y la fertilidad de la tierra, es mucho más eficiente que la producción de alimentos a escala industrial.

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http://www.nodo50.org/caes/articulo.php?p=1143&more=1&c=1

Por Agustín Morán - 8 de Mayo, 2008, 22:42, Categoría: Consumo
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Esther Vivas: “Es un mito que en los supermercados los precios sean más baratos que en una tienda"

Esther Vivas es miembro de la Xarxa de Consum Soliari y una de las coordinadoras del libro Supermercados, no gracias, editado por Icària Editorial y  que ya va por su segunda edición. Hablamos con ella para analizar el impacto de la distribución y el consumo de productos en nuestras vidas y el papel que juegan las grandes superficies comerciales. Además damos un vistazo a la situación del movimiento por un consumo responsable en nuestro país.       

 

¿Qué papel juegan hoy en día los supermercados en nuestra sociedad?

Los supermercados ejercen un control total sobre la cadena de distribución de los alimentos. Nos encontramos que, muchas veces, son los supermercados los que acaban determinando lo que comemos, cómo lo comemos, en definitiva nuestro modelo de consumo y nuestro modelo de alimentación. Uno de los impactos más graves del modelo de distribución actual que generan los supermercados es el monopolio que ejercen sobre la cadena de  comercialización de los alimentos. Por ejemplo, en el Estado español hay cinco empresas que controlan el 55% de la distribución de alimentos: Carrefour, Alcampo, Mercadona, Eroski y El Corte Inglés. Si a estos les añadimos las dos principales centrales de compra, nos encontramos que siete empresas controlan el 75% de la distribución de alimentos.

 

¿Qué es exactamente la Gran Distribución Alimentaría (GDA)?

Cuando hablamos de la GDA nos referimos a estas grandes empresas que controlan y monopolizan el mercado de la distribución de alimentos. Hoy en día la GDA sumada al modelo de agricultura genera, cada vez más, la desaparición de nuestros campesinos. Actualmente, en el Estado español poco más del 5% de la población activa es campesina y en Cataluña este porcentaje se reduce al 1%. Esto significa que nuestra alimentación queda en manos de estas multinacionales. Hay estudios que señalan que si este modelo de producción y  distribución continúa, en los próximos quince años tendremos que importar el 80% de los alimentos. Es totalmente irracional, puesto que estamos consumiendo productos de la otra punta del mundo, con el impacto medioambiental que esto supone, cuando los mismos productos muchas veces se elaboran aquí.    

 

¿Qué impacto tiene todo esto en las condiciones laborales?

Los trabajadores sufren en primera persona el modelo de distribución de  alimentos y de producción. En los países del Sur las cadenas de distribución intentan establecer, cada vez más, un precio inferior y sacar el máximo beneficio. Esto implica presionar a sus proveedores en el Sur para que les sirvan el producto a un precio más bajo. Este proveedor, a  la  vez, se ve obligado a presionar a sus trabajadores, de tal manera que este modelo de  distribución tiene un impacto directo en la producción y por lo tanto en las condiciones de trabajo en el Sur. Pero no sólo en el Sur, aquí también hay una precarización total de las condiciones laborales en los supermercados. Además, cuando los trabajadores se intentan organizar sindicalmente en las grandes superficies, se los hecha o se les persigue.

 

¿Sería posible una disminución de los precios actuales?

Los supermercados, a menudo, nos dicen que tienen los precios más baratos, pero esto es falso. Hay un estudio de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, que es el principal sindicato de campesinos a nivel estatal, que indica que los productos de las tiendas tradicionales son más baratos, siendo los supermercados un 11% más caros que éstas. Lo que sucede es que los supermercados llevan a cabo campañas de marketing donde anuncian algunos de los productos que en aquel momento tienen más baratos, pero la media de venta al público es más elevada.

 

Entonces, ¿el mito de que consumir en pequeñas tiendas de barrio es más caro es falso?

En la mayoría de supermercados la media de los precios de los productos no es tan barata como nos parece. En muchos casos, se trata de un mito. La  gente considera que ir a comprar al supermercado es más barato y más cómodo, pero en la práctica cuando compras en un supermercado compras productos que en el fondo no son tan baratos.

 

¿Hasta qué punto el consumidor es libre de escoger lo que quiere y lo que no quiere?

En el modelo de consumo y de alimentación actual, las grandes cadenas ejercen un control muy grande y, de hecho, según varios estudios, el 80% de  las compras se realizan en supermercados. Esto no quiere decir que nosotros no podamos rechazarlo. Hace falta partir de una toma de conciencia de los consumidores sobre qué implica la compra en estos establecimientos y, a la vez, es necesario también tomar conciencia política. Y, entonces, a partir de  aquí, empezar a buscar alternativas.

 

¿Cuáles son estas alternativas?

Hay que optar por un modelo de consumo más crítico y responsable. Debemos de consumir aquello que realmente necesitamos. Pero a veces se puede caer en una cierta idealización del poder del consumidor y de la actitud en el ámbito del consumo. Creo que el poder del consumidor y la opción que escoge al consumir es importante, pero no se puede idealizar. También es necesario organizarse políticamente y de forma colectiva para generar cambios. En este sentido, es fundamental la organización política en el ámbito del consumo. Esto implica que el consumidor debe trabajar políticamente con otros sectores y  colectivos que se ven afectados por este modelo de distribución como el campesinado, los ecologistas, las comunidades locales, los trabajadores y  trabajadoras.

 

¿En qué momento se encuentra el consumo responsable en Cataluña? ¿Qué retos de futuro tiene por delante?

Ahora hay una creciente toma de conciencia por parte de la gente. El problema es que a veces esta toma de conciencia tiene un carácter despolitizado y es más resultado de una voluntad individual de consumir de forma más sana. El reto fundamental es la polititzación de estos sectores de consumidores y  entender que un modelo de consumo alternativo sólo será posible con un cambio de paradigma y de sistema. Los retos de futuro pasan porque haya un trabajo político de cuestionamiento de este modelo. Se tiene que ir más allá y  entender el consumo como el resultado del modelo y del sistema capitalista, y  esto pasa por una organización colectiva de la gente.   

 

 

Entrevista realizada por Manel Ros y publicada en La Directa, nº87.

 

Por Revista La Directa, nº87 - 16 de Abril, 2008, 20:58, Categoría: Consumo
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Soberanía alimentaria, objetivo político

http://www.loquesomos.org/amasando/Consumo/Soberaniaalimentaria.html

Por Esther Vivas - 1 de Abril, 2008, 21:04, Categoría: Consumo
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“El consumo masivo pone en peligro el planeta”

Entrevista a  Esther Vivas en El Triangle

Por Àlex Romaguera* 

Autora de numerosos estudios sobre economía solidaria y globalización, Esther Vivas es miembro de la Red de Consumo Solidario y milita actualmente a  Revolta Global.

- ¿Hasta qué punto el actual sistema capitalista determina nuestras pautas de consumo?

 Totalmente porque fomenta el consumo masivo de productos que no necesitamos. Un modelo especialmente impactante en el sector alimentario que provoca un consumo equivalente a tres planetas tierra y que pone en peligro la supervivencia del medio y de las respectivas comunidades.

- ¿Cómo contribuyen los estados a esta dinámica depredadora?

 Algunos de los principales culpables son las corporaciones transnacionales, pero las élites políticas y económicas tampoco aplican las legislaciones adecuadas para ponerles freno. Contráriamente, su práctica hace seguidismo de los intereses del libre mercado y no tiene en cuenta los enormes perjuicios que éste ocasiona en la salud y el bienestar de las personas y de los pueblos.

- ¿En qué paradigmas tendría que basarse el nuevo modelo de consumo?

 Por un lado, tiene que garantizarse el derecho fundamental a la alimentación y, del otro, la  soberanía alimentaria. Es decir, que cada comunidad pueda controlar sus recursos naturales para cubrir las necesidades de su población y  que ésta no esté en manos de multinacionales que extraen y comercializan productos básicos a terceros países.

- Ante esto, ¿cuál tiene que ser el papel de la ciudadanía?

 Tomar conciencia de los efectos perniciosos de este modelo y optar por comprar en establecimientos de comercio justo, participar en cooperativas de  consumo y organizarse políticamente para incidir en un cambio de modelo.

- ¿Hace falta tener actitudes responsables?

 No únicamente. También, como consumidores debemos defender una alimentación sana, respetuosa con los productores locales y que no provenga de cultivos transgénicos, que no esté modificada genéticamente.

*Entrevista publicada en El Triangle, nº 858

Por Esther Vivas - 1 de Abril, 2008, 21:01, Categoría: Consumo
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LA PRODUCCION DE COMIDA Y LA EXPLOTACION DEL TRABAJADOR AGRICOLA BAJO LA GLOBALIZACION Y EL NEOLIB

(Parte de una presentación durante la Reunión Anual de Trabajo de Agricultural Missions, que con el tema "Globalización Económica: Ganadores y Perdedores", tuvo lugar el 2 de mayo de 1997, en El Paso, Texas)

Sin Fronteras está basada en El Paso porque este es el sitio de reclutamiento de mano de obra agrícola más importante a todo lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Cientos de mexicanos llegan a este lugar todos los días y de aquí parten a la principales regiones agrícolas de esta nación.

Este movimiento histórico es tan antiguo como el desarrollo mismo de la agricultura. De hecho, el desarrollo de la agricultura norteamericana fué posible debido a dos importantes movimientos de seres humanos. El primero fue un movimiento brutal y violento. El segundo fue un movimiento voluntario.

Me refiero al sistema agrícola del Sur basado en la esclavitud de millones de indígenas de Africa traídos violentamente, y al Programa "Bracero" durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el cual más de cuatro y medio millones de mexicanos vinieron a trabajar a este país a producir la comida que se necesitaba para asegurar la victoria en los campos de batalla. Cuando menos una tercera parte de los "braceros" cruzaron a este país y regresaron a través de El Paso. Estos movimientos de seres humanos le infundieron una esencia inmigrante a la agricultura norteamericana.

Hoy en día, la fuerza laboral agrícola continúa siendo de cáracter inmigrante. Conservadoramente se calcula que la mano de obra agrícola está compuesta por más de 4 millones de personas, incluyendo mujeres y unos 100 mil niños. Cuando menos dos terceras partes son inmigrantes y de éstos, el 80 por ciento son de México.

En esta región tenemos una comunidad de trabajadores agrícolas de unas 14,000 personas, también principalmente provenientes de México, y el resto son ciudadanos norteamericanos de origen mexicano. Se calcula que una quinta parte son mujeres y todavía es común encontrar niños, menores de 5 años de edad, trabajando en los campos.

El reclutamiento de estos trabajadores agrícolas fronterizos tiene lugar a media noche en el sur de El Paso. Durante los meses de agosto y septiembre cientos de trabajadores se dan cita en este lugar en busca de trabajo. Una vez que son contratados, son trasladados a los campos donde empiezan a laborar en cuando amanece, jórnadas de 8 a 10 horas. Al final del día, regresan al mismo sitio en El Paso entre las 6 y 7 de la tarde. Esto significa que solamente tienen unas cuantas horas para descansar, darse un baño, ver a su familia, cenar algo rápido y volver otra vez al sitio de reclutamiento.

La mayoría de estos trabajadores laboran en la multimillonaria cosecha de chile en el sur de Nuevo México. Esta industria está basada en una explotación inhumana de los piscadores de chile. Sus salarios son tan bajos que aquel que gana el salario mínimo establecido por Ley Federal es considerado una persona afortunada. El ingreso anual promedio es de $6,000, muy por debajo del nivel de pobreza nacional.

Esta explotación de los piscadores de chile es algo vergonzoso. Sin embargo no es algo único. La situación es similar en otras partes del país. En efecto, la explotación de los trabajadores agrícolas es el cimiento en el que descansa la industria alimenticia norteamericana. Este es un sistema de producción de alimentos que tiene como objetivo ofrecer productos abundantes y baratos a la sociedad de consumo. Esta sobreproducción de alimentos baratos es posible gracias a la explotación de los trabajadores del campo.

Está muy claro que las condiciones generales de los trabajadores agrícolas en este país continúan deteriorándose. Pero, ¿qué más podemos esperar? Los trabajadores que laboran en los campos agrícolas de Estados Unidos son los mismos ejidatarios o campesinos pobres de México que han fracasado en sus esfuerzos por producir lo necesario para vivir en su propia tierra. Sólo hay que echar una mirada al sur de nuestras fronteras para entender la razón por la cual la mano de obra de este país se encuentra en el predicamento actual.

Las condiciones de los campesinos y de las comunidades rurales de México también continúan deteriorándose. La pobreza ha sido un fenómeno histórico desde que las comunidades perdieron el control sobre sus tierras y sus recursos naturales. Todos sabemos que sin tierra, los pueblos no pueden producir la comida que necesitan para vivir. Pues bien, la lucha por la tierra ha sido una lucha permanente en México. Si bien es cierto que durante un breve periodo de tiempo, la agricultura mexicana llegó a producir lo básico, el frijol y el maíz, necesario para alimentar al pueblo, esto no duró mucho; cambió debido a las políticas de modernización en la agricultura y al contrato de la deuda externa, así como la corrupción del PRI-gobierno. Para los ochentas, México, alguna vez conocido como "el cuerno de la abundancia", ya tenía que importar máiz, principalmente de Estados Unidos.

La agricultura mexicana ya estaba en una grave crisis para los setentas. Millares de ejidatarios dejaron su comunidades en busca de empleo. Los pobres campesinos tuvieron que vender o rentar sus tierritas solamente para obtener el dinero necesario para pagar a los "coyotes" que los llevarían a cruzar la frontera. Eventualmente, estos trabajadores se convirtieron en parte esencial de la mano de obra agrícola de este país.

Las políticas neoliberales de una nueva clase política que se instaura en el poder a mediados de los ochentas, llamados los "tecnócratas", solamente vinieron a agravar la situación. Este grupo de políticos educados principalmente en Harvard y de los cuales Carlos Salinas de Gortari es su miembro más popular (o impopular según se vea), introdujeron profundos cambios a la agricultura mexicana. El más importante fue la reforma al Artículo 27 de la Constitución Mexicana con el fin de eliminar el ejido. Junto a esta reforma y como requisito para la aceptación de la parte mexicana en el Tratado de Libre Comercio (TLC), el PRI-gobierno también acabó con la política de apoyo al campo y a la regulación del mercado y distribución de productos agrícolas. El aspecto final de esta nueva política agrícola fue la remoción de tarifas a productos agrícolas extranjeros.

Tres años después de la aprobación del TLC podemos ver los resultados en México.

-100 mil niños mueren al año

-5 millones de gentes viven en la pobreza extrema

-9 millones de campesinos carecen de los servicios públicos más elementales

-3 millones no tienen donde vivir y

-5 millones carecen de un pedazo de tierra para sembrar.

Tres años han sido suficientes para acabar con el sueño de millones de seres humanos de algún día poder vivir del fruto de su trabajo en su propia tierra. Para los mexicanos pobres significa también aceptar que tendrán que unirse al ejército de indocumentados que tienen que cruzar la frontera para intentar sobrevivir. Para la mayoría de los mexicanos que residimos en este país significa que tendremos que aceptar el hecho de que probablemente ya no regresaremos a nuestra tierra como inicialmente lo habíamos pensado.

El TLC ha acelerado este sistema de producción de alimentos basado en la gran corporación agrícola transnacional a la que no le interesa quien cosecha el producto mientras obtenga cuantiosas ganancias. No importa que sea el pobre piscador de Carolina del Norte o el jornalero de Los Mochis, Sinaloa, lo que importa es que el consumidor de Nueva York pueda comprar tomates rojos y brillantes todos los días del año, y bajo las condiciones climatológicas que sean.

Aunque el TLC ha incrementado la importación de productos norteamericanos baratos, sólo unas cuantas corporaciones se benefician de este comercio. El resto de la población no nos beneficiamos en nada de este sistema de producción de comida por el contrario, somos quienes pagamos las consecuencias de este sistema. Los pequeños granjeros continúan desapareciendo rápidamente. El indio nativo americano ha quedado prácticamente desconectado de la producción agrícola. En el sur del país el pueblo negro dejará de ser propietario de la tierra en el siglo que se avecina.

El sistema de producción de comida actual también está basado en la concentración de la tierra. Esto significa una explotación brutal e intensa de la tierra a través del uso de tecnología muy avanzada, que incluye la alarmante utilización cada vez más frecuente de químicas muy tóxicas. El resultado también es que la seguridad y la calidad de la comida continúa deteriorándose.

Para nuestros pueblos y para nuestras comunidades, para la sociedad entera, el desafío actual es de cambiar este sistema de producción de comida que nos han impuesto un puñado de corporaciones ambiciosas, que cuentan con el apoyo de estos gobiernos que han abandonado sus responsabilidades sociales.

El desafío es complejo y requiere de una sociedad activa y unida. Se requiere además de una perspectiva internacional y de una inclusión real de los grupos más marginados de la sociedad. Como la voz del trabajador agrícola ha sido sistemáticamente ignorada, es vital que las preocupaciones de los grupos de los trabajadores agrícolas y de los campesinos y sus familias esta vez si sean tomadas en cuenta.

Finalmente, es muy importante que la sociedad apoye todos y cada uno de los esfuerzos de las organizaciones de trabajadores agrícolas. No es suficiente dejar de comer una cosa para hacer un acto sincero de solidaridad. El apoyo verdadero consiste en ayudar directamente las luchas de los trabajadores en Ohio, en Florida, en la frontera de Estados Unidos y México, y en todos y en cada lugar donde se den.
http://www.farmworkers.org/sistcomi.html

Por Carlos Marentes - 23 de Marzo, 2008, 19:00, Categoría: Consumo
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La soberanía alimentaria, en manos de las mujeres

En los países del Sur, las mujeres son las principales productoras de  alimentos. Ellas son las encargadas de trabajar la tierra, mantener las semillas, recolectar los frutos, conseguir agua, cuidar del ganado... Un 80% de la  producción de alimentos en estos países recae en las mujeres.

 

Paradójicamente, éstas son, junto a los niños y niñas, las más afectadas por el hambre. Las políticas neoliberales que asolan el campo golpean en primera persona a las mujeres. El modelo agrícola y alimentario industrializado y las transnacionales amenazan la existencia de la agricultura campesina, de la  pesca tradicional, de la elaboración artesanal y del comercio de alimentos a pequeña escala donde las mujeres tienen un papel central. El acceso a la tierra tampoco es un derecho garantizado: en muchos países del Sur las leyes prohíben a las mujeres este derecho y en aquellos dónde legalmente tienen acceso las tradiciones y las prácticas les impiden acceder a ellas.

 

Frente a la industrialización del campo, la soberanía alimentaria se ha convertido hoy en una necesidad imperante. Se trata del derecho de los pueblos a definir sus políticas agrarias y alimentarias, a proteger y a regular la producción y el comercio agrícola interior con el objetivo de conseguir un desarrollo sostenible y garantizar la seguridad alimentaria. Una estrategia que significa romper con las políticas agrícolas neoliberales, impuestas por la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y con el sistema económico capitalista dominante, que promueven un modelo de producción agrícola y alimentaria totalmente insostenible.

 

Es en este contexto dónde podemos afirmar que hoy más que nunca la  soberanía alimentaria tiene nombre de mujer, ya que son éstas las más afectadas y las que deben de luchar contra las políticas neoliberales y sexistas que dominan la producción agrícola, pesquera y comercial. Así quedó patente en el Foro por la Soberanía Alimentaria celebrado a principios del 2007 en  Sélingué, una pequeña población rural del sudeste de Malí. Un encuentro convocado por los principales movimientos sociales a escala internacional como la Vía Campesina, la Marcha Mundial de Mujeres, el Foro Mundial de los Pueblos Pescadores, entre otros, y que permitió avanzar en la definición de  estrategias conjuntas entre un amplio abanico de movimientos sociales (campesinos, pescadores, ganaderos, consumidores...) de todo el mundo sobre la soberanía alimentaria.

 

Las mujeres tuvieron un papel central en este encuentro como dinamizadoras, organizadoras y  participantes. Éstas reclamaron el mito de Nyéléni, una mujer campesina maliense que luchó por afirmarse como mujer en un entorno desfavorable. De hecho, el Foro por la Soberanía Alimentaria recibió el nombre de Nyéléni en homenaje a esta leyenda. Delegadas de países de África, América, Europa, Asia y Oceanía, integrantes de diferentes sectores y  movimientos sociales, asistieron al encuentro y señalaron al sistema capitalista y patriarcal como responsable de las violaciones de los derechos de las mujeres, a la vez que reafirmaron su compromiso para transformarlo.

LQSomos. Esther Vivas. Marzo de 2008

Más articulos de la autora


”Estamos movilizadas. Luchamos por el acceso a la tierra, a los territorios, al agua y a las semillas. Luchamos por el acceso a la financiación y a los equipamientos agrícolas. (...) Luchamos por nuestra autonomía y por el derecho a decidir por nosotras mismas.”

 

Declaración de las mujeres por la Soberanía Alimentaria

Nyéléni, 27 de febrero 2007

 

 

*Artículo publicado en El Viejo Topo, nº 239.

Por Esther Vivas - 23 de Marzo, 2008, 18:52, Categoría: Consumo
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En Brasil 50 empresas controlan el precio de los alimentos

Las grandes empresas no quieren producir alimentos, quieren producir beneficios. Apenas 50 empresas, de ellas 30 transnacionales, controlan toda la producci�n agr�cola de Brasil. La afirmaci�n es de Jos� Batista de Oliveira, integrante de la coordinaci�n del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST).

De acuerdo con Oliveira, el problema de los precios de los alimentos, en alza en el mundo entero, est� ligado a la especulaci�n y el uso de parte de la tierra para producir etanol:

�Por eso, esas grandes empresas, en su mayor�a multinacionales, no tienen como objetivo alimentar el mundo, sino producir materias primas valoradas en el mercado internacional�, afirma el dirigente del MST.

El movimiento critica tambi�n el modelo agroexportador implantado en Brasil por los �ltimos gobiernos: �El agronegocio es la asociaci�n entre latifundio, empresas transnacionales de la agricultura y el mercado financiero, que subordina el uso de las tierras y los recursos naturales brasile�os a las necesidades de las grandes empresas y a la especulaci�n. Si la demanda se mantiene elevada, las empresas y los inversores extranjeros van a seguir comprando mercanc�as en el pa�s, comprometiendo la capacidad de producci�n de nuestras tierras, agotando nuestros recursos naturales con pr�cticas t�cnicas que comprometen el futuro de la naturaleza con la imposici�n del monocultivo, que destruye la biodiversidad y expulsa la mano de obra del campo�.

Lea a continuación la entrevista con José Batista de Oliveira.





                            ¿El precio de los alimentos esta subiendo solo por el aumento de la demanda?

No tiene nada que ver con la demanda. El precio de los alimentos est� subiendo a causa del aumento de la tasa de beneficio media en la venta de productos espec�ficos valorados en el mercado internacional, como el etanol. Al subir el beneficio medio, todos los productores agr�colas tienen tres opciones: emigrar hacia la producci�n de ca�a y aceite vegetal, aumentar el precio de su producci�n o desaparecer. Por eso Fidel Castro denunci�, con raz�n, que el est�mulo de la producci�n de etanol en el Tercer Mundo aumentar�a el precio de los alimentos, no s�lo por la disminuci�n de �rea plantada o por la concurrencia. En la agricultura, la tasa media de beneficio vale para todos los productos, a diferencia de la industria, en la cual la tasa media se da por ramo de producci�n.

�Las multinacionales pueden estar especulando con el precio de los alimentos o usando el argumento de la inflaci�n con otros objetivos para forzar a los pa�ses en desarrollo a adoptar pol�ticas econ�micas exclusivamente de combate a la inflaci�n, en detrimento del crecimiento de la econom�a?

Las empresas transnacionales controlan toda la producci�n de las principales materias primas y controlan el comercio mundial. En cada ramo tenemos, como m�ximo, diez empresas que controlan la producci�n, el procesamiento y el comercio. Por lo tanto, hoy el precio de cada mercanc�a internacionalizada es objeto de especulaci�n. Adem�s no hay una relaci�n directa del precio con el coste de producci�n, que es s�lo una referencia. La mayor manipulaci�n de esas empresas sobre la producci�n nacional y el comercio internacional es un instrumento para aumentar beneficios. La influencia de ese sector sobre la pol�tica econ�mica del gobierno Lula se ejerce a trav�s del Banco Central, que fija los tipos de inter�s y cambio.

�Qu� empresas controlan el comercio de las materias primas alimentarias?

El precio y el comercio de soja y de las materias primas agr�colas en general son manipulados por conglomerados extranjeros, como la estadounidense Cargill, la holandesa Bunge, la estadounidense-canadiense ADM, la suiza Syngenta, la estadounidense Monsanto y la francesa Dryfuss. En el sector de l�cteos el mercado est� manipulado por s�lo tres: la suiza Nestl�, la italiana Parmalat y la francesa Danone. En el sector de venenos y medicamentos tambi�n son pocas empresas, como la alemana Bayer, la suiza Syngenta, la alemana Basf y la suiza Novartis.

�Cu�l es la relaci�n de estas empresas con el comercio de alimentos gen�ticamente modificados (AGM), conocidos como transg�nicos?

Esas empresas quieren imponer los transg�nicos porque as� se hacen con el control absoluto de los agricultores y de la tasa de beneficio del comercio internacional. Imagine que esas empresas tienen la insolencia de imponer semillas transg�nicas modificadas gen�ticamente para que el agricultor les compre un producto agrot�xico. Y, adem�s de eso,  cobran royalties a los agricultores s�lo por usar sus semillas, que registran como propiedad privada intelectual.

�C�mo?

Los propios agricultores son los que producen las semillas, pero por reproducir la soja transg�nica de Monsanto, que no produce tanta semilla, necesitan pagar royalties todos los a�os.

�Hasta qu� punto se puede aumentar la producci�n convencional para hacer frente a la demanda creciente de alimentos en el mundo?

Las grandes empresas no quieren producir alimentos, quieren producir beneficio. Cerca de 50 empresas controlan casi todo el comercio agr�cola nacional, 30 transnacionales y 20 brasile�as. No tienen como objetivo alimentar el mundo, sino producir materias primas valorizadas en el mercado internacional.

�Brasil obtiene beneficios con el agronegocio?

El agronegocio es la asociaci�n entre el latifundio, las empresas transnacionales de agricultura y el mercado financiero, que subordina el uso de las tierras y los recursos naturales brasile�os a las necesidades de las grandes empresas y la especulaci�n. Si la demanda se mantiene alta, las empresas e inversores extranjeros seguir�n comprando mercanc�as en el pa�s, comprometiendo la capacidad de producci�n de nuestras tierras, agotando nuestros recursos naturales con pr�cticas y t�cnicas que comprometen el futuro de la naturaleza, como la imposici�n del monocultivo, que destruye la biodiversidad y expulsa la mano de obra del campo. Eso es un peligro para nuestra soberan�a nacional, pues los extranjeros obedecen a intereses de fuera y no tienen ning�n compromiso con la preservaci�n del medio ambiente, explot�ndonos al m�ximo para despu�s marcharse con sus beneficios.

�Cu�l es el papel de la agricultura familiar en ese contexto?

Los agricultores familiares pasan por una crisis de falta de mercado y de contenci�n de precios. La poblaci�n no tiene ingresos suficientes para aumentar el consumo de queso, pan, leche, yogurt, carnes y embutidos producidos por ese sector. La peque�a agricultura no consigue avanzar sin un proyecto de desarrollo nacional que tenga como centro el fortalecimiento del mercado interno, la distribuci�n de renta, la industria nacional para sustentar y la generaci�n de empleo. Necesitamos un nuevo modelo agr�cola basado en la peque�a y la mediana propiedad, en dar prioridad a la producci�n de alimentos para el mercado interno, crear una nueva matriz productiva en el campo y adoptar t�cnicas de producci�n que respeten el ambiente, sin agrot�xicos.

Si realmente la demanda est� creciendo m�s que la producci�n, �los transg�nicos pueden ser una buena opci�n?

No. Los transg�nicos no son simplemente organismos gen�ticamente modificados, sino productos creados en laboratorios que colocan la agricultura en manos del mundo financiero e industrial. Ya no estamos ante la agricultura tradicional, sino ante grupos que lanzan transg�nicos para controlar las semillas e imponer el uso de inputs y venenos que producen. Con los transg�nicos, el cometido tradicional de los campesinos y los pueblos originarios, de mejorar y cultivar las semillas, pasa a las transnacionales. Adem�s, no existen estudios que demuestren que esos productos no causan problemas de salud.

�C�mo valora el movimiento la pol�tica del gobierno con relaci�n a la reforma agraria en 2007?

La pol�tica de reforma agraria del gobierno Lula fue insignificante en comparaci�n con la ofensiva del capital en la compra de tierras y para hacerse con el control de la producci�n agr�cola en el pa�s. Los n�meros divulgados este a�o confirman nuestra valoraci�n de que la Reforma Agraria ha dejado de ser una prioridad del gobierno Lula, que ha optado por el monocultivo para la exportaci�n del agronegocio; un monocultivo que concentra tierra y destruye el ambiente, beneficiando solamente a las empresas extranjeras y los latifundistas. El gobierno est� en deuda con los 150.000 trabajadores rurales del movimiento acampados en todo el pa�s y necesita honrar sus compromisos hist�ricos con la Reforma Agraria y la lucha contra la pobreza en el campo.

Si por un lado los n�meros muestran que 2007 ha sido el peor a�o de la gesti�n de Lula, por el otro, el MDA [Ministerio del Desarrollo Agrario] afirma que 2007 ha sido el a�o de los diez �ltimos que m�s se ha invertido en la calidad de la reforma agraria. �Es v�lido el argumento del MDA?

El aumento de las inversiones es importante, pero la Reforma Agraria es ante todo una cuesti�n de voluntad pol�tica y coraje para enfrentarse al agronegocio y cambiar la pol�tica econ�mica, que por medio de los pr�stamos del Banco de Brasil y del BNDES beneficia a las empresas transnacionales. El gobierno necesita armarse de valor y cumplir la Constituci�n; esta dispone que las empresas agr�colas que  no respeten la legislaci�n laboral y ambiental, como hacen los productores de ca�a, deben ser expropiadas y destinadas a la Reforma Agraria. La compra y puesta en valor de sectores p�blicos deteriorados  debe continuar, pero el eje de una pol�tica agraria que revierta la concentraci�n de tierras en el pa�s es la expropiaci�n.

�Se han aplicado los recursos del MDA en un modelo de reforma que sea del agrado del movimiento? Si no es as�, �cu�les son las principales cr�ticas al modelo?

El problema no es la forma en que el ministerio est� invirtiendo sus recursos, sino la funci�n que el gobierno reserva al campo y la agricultura. En 2007 el gobierno federal pag� 160.300 millones de reales con intereses, cuatro veces m�s que todo lo que se gast� en lo social y correspondiente al 6,3% del PIB, de modo que el dinero de los impuestos de toda la sociedad pas� al mercado financiero y a los especuladores, que invierten justamente en las empresas transnacionales de la agricultura. El ministro Cassel pasa por alto esa brutal transferencia de renta hacia las empresas del agronegocio mientras hace su balance positivo de la inversi�n realizada el a�o pasado.

�Cu�l debe ser la postura del MST frente a la lentitud del gobierno en la Reforma Agraria?

El MST y todos los movimientos de la V�a Campesina de Brasil van a seguir luchando con ocupaciones de tierras y protestas para denunciar la destrucci�n ambiental y la concentraci�n de tierra por el avance del agronegocio. En el 2007 realizamos grandes movilizaciones. Vamos a seguir removiendo la conciencia de la poblaci�n y alertando de ese peligro de desnacionalizaci�n de nuestra agricultura. Lamentablemente, no hemos conseguido avanzar hacia la resoluci�n de los problemas concretos de la clase trabajadora. Esperamos que el a�o que viene las movilizaciones para el a�o que viene aumenten y remuevan la conciencia del propio gobierno de Lula.

(Entrevista concedida al Monitor Mercantil y al Brasil de Fato)


Fuente: http://www.mst.org.br/mst/pagina.php?cd=4819

Art�culo original publicado el 24 de enero de 2008

�lex Tarradellas y Juan Vivanco son miembros de Rebeli�n, Cubadebate y 
Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad ling��stica. Esta traducci�n se puede reproducir libremente a condici�n de respetar su integridad y mencionar a sus autores y la fuente.

URL de este art�culo en Tlaxcala:
http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=4628&lg=es


Por TLAXCALA - 17 de Febrero, 2008, 12:38, Categoría: Consumo
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Las catedrales del consumo

El desarrollo de las “ciudades del consumo” ha transformado la geografía urbana y los hábitos de consumo y de vida de los ciudadanos. En cualquier lugar del planeta es posible encontrar, con la misma arquitectura y distribución de espacios, grandes superficies y macrocentros de comercio y ocio. Es la manifestación más evidente de la globalización comercial. Por ello se considera que son las “catedrales” de la nueva “religión del consumo” que se extiende por todo el planeta.

Algunas de las transformaciones de la sociedad de consumo les han podido pasar inadvertidas a las personas que las han vivido. Pero existe un fenómeno que, por su rápida y extensa implantación, nadie ha podido dejar de advertir: la progresiva desaparición de las tiendas tradicionales y el nacimiento de los nuevos centros comerciales. Si el autoservicio fue el primer paso en la evolución de los sistemas de distribución y venta, el desarrollo de las “ciudades de comercio y del ocio” es, junto con la generalización del comercio electrónico, el último paso de esta evolución. En España el primer hipermercado se puso en marcha en el año 1973 y en 1980 comenzó la implantación de los macrocentros que reúnen en un mismo espacio, con unidad de servicios (aparcamientos, vigilancia, zonas de paso, etc.), una amplia oferta que incluye grandes superficies, tiendas de todo tipo, cines, oficinas bancarias, restaurantes, etc. Desde entonces su expansión ha sido (y continúa siendo) espectacular, y se han extendido por todo el mundo transformando la geografía urbana y los hábitos de consumo y de vida de los ciudadanos.

Una nueva filosofía de vida: “comprar por comprar”

El desarrollo de estos macrocentros comerciales es el producto de una profunda transformación del significado de la compra. Para los economistas clásicos las personas tendrían necesidades que cubrir (alimentación, vestido, salud, etc.) y recursos económicos escasos. Por ello deberían buscar las mejores decisiones de compra para obtener las cosas necesarias con los menores costes posibles.

Pero las estrategias comerciales y publicitarias han transformado la emocionalidad y los valores de los consumidores actuales, cuyos comportamientos resultan ya muy poco racionales. Pueden recorrer kilómetros para ir a un hipermercado y ahorrarse unos céntimos (sin tener en cuenta el tiempo y el din