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Una pequeña parte del mundo tiene sobrealimentación y camina a la obesidad. La otra gran parte del planeta se muere de hambre

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Agosto del 2011


Menos tierra, más hambre

El drama del hambre toma de nuevo actualidad a raíz de la emergencia alimentaria en el Cuerno de África, pero las hambrunas son una realidad cotidiana silenciada. En todo el mundo, más de mil millones de personas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), tienen dificultades para acceder a los alimentos. Una hambruna que tiene causas y responsabilidad políticas.

 África es una tierra expoliada. Sus recursos naturales han sido arrebatados a sus comunidades a lo largo de siglos de dominio y colonización. Aunque no sólo se trata del expolio de oro, petróleo, coltán, caucho, diamantes... sino, también, de agua, tierras, semillas que dan de comer a sus habitantes. Si el 80% de la población en el Cuerno de África, como indica la FAO, depende de la agricultura como principal fuente de alimentos e ingresos, ¿qué hacer cuando no hay tierra que cultivar?

En los últimos años, la oleada creciente de privatizaciones de tierras en África  (su compra por parte de gobiernos extranjeros, multinacionales agroalimentarias o fondos de inversión) ha hecho aún más vulnerable su precario sistema agrícola y alimentario. Con campesinos y campesinas expulsados de sus tierras, ¿dónde cultivar aquello que comer? Muchos países, consecuentemente, han visto reducir drásticamente su ya limitada capacidad de auto-abastecimiento, después de décadas de políticas de liberalización comercial que han menguado su capacidad productiva.

 La crisis alimentaria y financiera, que estalló en 2008, dio lugar, como ha documentado ampliamente la organización internacional GRAIN, a un nuevo ciclo de apropiación de tierras a escala global. Gobiernos de países dependientes de la importación de alimentos, con el objetivo de asegurar la producción de comida para su población más allá de sus fronteras, y agroindustria e inversionistas, ávidos de nuevas y rentables inversiones, vienen adquiriendo desde entonces fértiles tierras en países del Sur. Una dinámica que amenaza la agricultura campesina y la seguridad alimentaria de estos países.

 Se calcula que desde el año 2008, se han adquirido por esta vía alrededor de 56 millones de hectáreas de tierra a escala global, según datos del Banco Mundial, la mayor parte, más de 30 millones, en África, donde la tierra es barata y su propiedad comunal la hace más vulnerable. Otras fuentes, como el Global Land Project, hablan de entre 51 y 63 millones de hectáreas sólo en África, una extensión similar a la de Francia. Se trata de arrendamientos, concesiones o compra de tierras, las formas de transacción pueden ser múltiples y a menudo opacas, en una dinámica que algunos autores han calificado de “nuevo colonialismo” o “colonialismo agrario”, al tratarse de una recolonización indirecta de los recursos africanos.

El Banco Mundial ha sido uno de sus principales promotores desarrollando, junto a otras instituciones internacionales como la FAO, la Agencia para el Comercio y el Desarrollo de Naciones Unidas (UNCTAD) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), lo que se ha venido a llamar “Principios para una Inversión Agrícola Responsable”, que legitiman la apropiación de tierras por parte de inversores extranjeros. A través de la International Finance Corporation (IFC), la institución afiliada al Banco Mundial que se ocupa del sector privado, éste ha promovido programas para eliminar barreras administrativas, cambiar leyes y regímenes fiscales en países del Sur e incentivar así las inversiones.

Etiopía, uno de los países afectados por la actual hambruna, ha ofrecido tres millones de hectáreas de tierra cultivable a inversores extranjeros de India, China, Pakistán, Arabia Saudita, entre otros. El negocio no podría ser mejor: 2.500 km2 de tierra virgen productiva a 700 euros al mes, con un contrato a cincuenta años. Éste es, por ejemplo, el acuerdo alcanzado entre el gobierno etíope y la empresa india Karuturi Global, una de las 25 mayores agroindustrias mundiales, que dedicará estas tierras al cultivo de aceite de palma, arroz, azúcar de caña, maíz y algodón para la exportación. Las consecuencias: miles de campesinos y pueblos indígenas expulsados de sus tierras, precisamente aquellos que más padecen el hambre y la falta de alimentos, así como vastas extensiones de bosques talados y quemados.

Otros países de África como Mozambique, Ghana, Sudán, Malí, Tanzania, Kenia han arrendado millones de hectáreas de su territorio. En Tanzania, el gobierno de Arabia Saudita ha adquirido 500.000 hectáreas de tierra para producir arroz y trigo para la exportación. En el Congo, un 48% de su territorio agrícola está en manos de inversionistas extranjeros. En Mozambique, más de diez millones de tierras arrendadas.

 La conferencia académica Global Land Grabbing, que tuvo lugar en Gran Bretaña en abril de 2011, señaló el impacto negativo de dichas adquisiciones. Más de un centenar de estudios de casos documentados mostraban como estas inversiones no tenían ningún efecto positivo para las comunidades locales, al contrario generaban desplazamientos y mayor pobreza.

 Desde hace años, el movimiento internacional de La Vía Campesina viene denunciando el impacto dramático que esta oleada masiva de acaparamiento de tierras tiene en las poblaciones de los países del Sur. Si queremos acabar con el hambre en el mundo es fundamental garantizar el acceso universal a la tierra, así como al agua y a las semillas, y prohibir especular y hacer negocio con aquello que nos alimenta y nos da de comer.

 *Artículo publicado en el periódico ARA, 04/08/2011.

 + info: http://esthervivas.wordpress.com

Publicado por Esther Vivas el 22 de Agosto, 2011, 20:38 | Comentar | Referencias (1)

Los falsos mitos de la crisis alimentaria

Desde hace un año el mundo se haya inmerso en una crisis alimentaria debido al incremento en los precios de algunos alimentos. Los primeros balances sociales consecuencia de este terremoto los dio a conocer el Banco Mundial (BM) a mediados de febrero 2011, anunciando que durante este año el número de hambrientos podría crecer en 75 millones[i] hasta alcanzar un total de 1000 millones; complicándose de esta forma el primero de los Objetivos del Milenio, que se compromete a reducir a la mitad el porcentaje de personas hambrientas. El aumento también está siendo una losa para las pobres economías familiares, que destinan entre un 50 y un 80% del presupuesto a la compra de alimentos. Según un informe reciente del BM, el incremento de los precios en los países asiáticos ha oscilado el 10%, lo que podría empujar a 64 millones de personas a la pobreza.[ii]

El presente no invita al optimismo porque según datos del último ‘Índice para los Precios de los Alimentos’-que calcula la Organizaciónde las Naciones Unidas para la Agriculturay la Alimentación(FAO) editado por la FAOen junio de 2011, avisa que Los precios de los productos básicos agrícolas se mantendrán presumiblemente altos y volátiles durante el resto de este año y también en 2012”[iii]

La versión oficial es que existe un desequilibrio entre la oferta y la demanda de alimentos, aunque todo depende de la lógica que se emplee para diagnosticar la situación. Con los principios de la soberanía alimentaria- el problema de la crisis de los precios tiene su origen en ‘manos visibles’ del mercado que alteran los precios, por tanto, las soluciones deben encaminarse a frenar estos abusos. Para la ‘lógica del mercado’ (un nuevo oxímoron), éste es un ente intocable que por dogma de fe debe ser libre a cualquier precio y quién se tiene que amoldar es el mundo entero.

Analizar lo que nos explican de la crisis alimentaria los medios de comunicación al servicio de la agroindustria, nos permite, con nuestra óptica descubrir y quitar el antifaz a varias ideas.

Ocho mitos de la crisis alimentaria

Mito 1: Existe un desequilibro entre la oferta y la demanda de alimentos. La FAO publicó en junio la primera estimación sobre la cantidad de cereales para el ciclo 2011-2012. Por primera vez en muchos meses la producción será superior al consumo en tres millones de toneladas y estamos ante una cosecha record, por tanto, ya no se puede hablar de carencia de cereales. Pero es que incluso en los peores momentos durante el último año las reservas existentes podían cubrir dicho déficit 10 y 11 veces.[iv]

Olivier de Schutter, relator de la ONUpara el derecho a la alimentación, sobre este punto dijo recientemente que «Se ha prestado demasiada atención a intentar corregir la brecha entre oferta y demanda en los mercados internacionales, -como si el hambre el mundo fuese el resultado de la escasez física de alimentos a nivel agregado-, mientras que se ha dejado casi completamente de lado dos temas fundamentales: los desequilibrios de poder en los sistemas alimentarios y la falta estrepitosa de apoyo que debe prestarse a los pequeños campesinos para que sean ellos los verdaderos responsables de alimentar a sus familias, a sus comunidades y a sí mismos».[v] A la vez el Parlamente Europeo mantuvo que «…en la actualidad el suministro total mundial de alimentos no es insuficiente (…) son más bien la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria».[vi]

Por tanto, si la crisis no surge de un desequilibrio entre la oferta y la demanda, y si además se suma que durante años la situación fue peor, pero los precios se mantuvieron equilibrados, entonces, indudablemente, hay un factor que está distorsionando los precios, que se llama especulación, que está incrustado en el mercado y que segúnla Eurocámaraes el causante del 50% de los incrementos en los precios.

Mito 2: La población de China e India comen más y mejor. Para 2010-2011, el volumen de cereales para consumo humano y piensos rondará los 1820 millones de toneladas cuando se prevé una producción global de 2216 millones, lo que generaría un superávit de 396 millones de toneladas. Lo que no se dice es que para 2011 se desviarán 433 millones de toneladas para otros usos (agrocombustibles sobre todo) y por tanto esos 396 millones de toneladas sobrantes desaparecerán generándose un déficit de 37.[vii]

El aumento de la demanda de cereales para consumo humano ha sido armónico durante los últimos años, mientras que para otros usos ha crecido vertiginosamente. Sólo en USA, durante 2010, se destinó el 35% de maíz al consumo nacional de bioetanol como agrocombustible. El dato es importante porque dicha potencia cosecha el 40 % de la producción mundial,[viii] lo que significa que sólo con datos de USA, el 14% del maíz mundial se dedicó a la alimentación de coches.

Mito 3: Los países exportadores e importadores han actuado irracionalmente. Se ha criticado a los primeros porque limitaron sus exportaciones y a los segundos porque importaron grandes partidas de alimentos, ambos con el objetivo legítimo de garantizar el suministro para sus poblaciones. Para algunos organismos y expertos este comportamiento ha sido fuertemente cuestionado y señalado como irracional, porque ha estrangulado más la ecuación entre oferta y demanda.

Con estos razonamientos se impone la ‘lógica del mercado’, que presiona a exportadores e importadores para que no tomen medidas que ellos creen importantes con el fin de garantizar su abastecimiento. Sin embargo nadie se atreve a poner el dedo en la llaga especuladora que al parecer puede actuar con total impunidad. El mundo debe amoldarse a las leyes del mercado y no al revés.

Mito 4: Se trata de una crisis alimentaria mundial. Los países que cultivan sus alimentos no tienen porque adquirirlos en el mercado y por lo tanto no tienen que sucumbir a estos precios internacionales inflados. El problema lo tienen los que han instaurado el modelo agroexportador que fomenta los cultivos para la exportación (sobre todo los exóticos y las materias primas) en detrimento de la producción nacional de unos alimentos que ahora obligadamente tienen que comprar. Olivier de Schutter lo dejaba entrever en una reciente entrevista: “Los países africanos se han beneficiado de unas cosechas en 2010 relativamente buenas y no afrontan un riesgo inmediato (…) Los países que importan la mayor parte de la comida que necesitan son más vulnerables. (…). Esta dependencia de los mercados internacionales es muy peligrosa.”[ix]

Mito 5: Los agricultores salen ganando por el alza de los precios. El principal problema que enfrenta la agricultura para la exportación es que las diferentes fases de la cadena agroalimentaria (semillas, insumos, intermediación, distribución, transformación, etc.) se concentran cada vez en menos manos gracias a las políticas liberales. Esta situación de oligopolio da fuerza a estos eslabones y en el caso de la intermediación y la distribución, son éstas las que establecen los precios de compra. En este sentido el Parlamento Europeo afirmó en una Resolución de febrero pasado que «…el porcentaje de la renta de los agricultores procedente de la cadena alimentaria ha disminuido considerablemente, mientras que los beneficios de los transformadores y los minoristas han experimentado un aumento constante…». De Schutter´, en la misma línea, sentenció que «Muchos campesinos no pueden sin embargo beneficiarse de esta subida vertiginosa de los precios debido a su marginalización política y su falta de margen de negociación. Tampoco los sueldos de los agricultores están subiendo en concordancia con el alza de los precios de los alimentos básicos.»[x]

Mito 6: Hay que liberalizar más los mercados agrícolas. Como se supone bajo la ‘lógica del mercado’ que hay una menor oferta de alimentos, conviene por tanto eliminar obstáculos comerciales para que éstos fluyan con mayor libertad y así calmar la demanda. Pero, la liberalización de los mercados profundiza en un modelo agrario basado en el comercio libre y en la exportación, en detrimento de uno que garantice la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos. Con la agroexportación se fomenta entre las naciones el abandono de su auto abastecimiento y la dependencia hacia el mercado con su voracidad, perversidad y especulación incluidas. Por tanto, liberalizar los mercados es incidir en un modelo agrario que genera hambre y dependencia.

Mito 7: Hay que aumentar la inversión y la producción. Este mito redunda una vez más en lo mismo: acrecentar la producción para calmar el alza de precios. Dicho gráficamente, el lobo asaltó el gallinero y por las ventanas se echan más gallinas para saciar su voracidad. Pero, el problema, como se ha dicho, es de accesibilidad y no de cantidad.

Además la producción y la inversión, per se, no son la panacea. Un incremento de ambas puede ser positivo si el protagonista activo es el pequeño agricultor y campesino, que genera alimentos dignamente para las comunidades locales de una forma sostenible y accesible. Pero conforme está montado el sistema  agroexportador bajo el libertinaje comercial, de nada sirve aumentar la inversión y la producción si después: a) la tierra está en manos de terratenientes e inversores que no siembran comida sino cultivos exóticos (café plátanos, etc.) y materias primas para la exportación (algodón, soja para biodiesel, etc.); y  b) no se legisla para eliminar, sino que se mantienen, los engranajes que permiten los atropellos ejercidos por los especuladores y las transnacionales que controlan las semillas, insumos, comercialización, transformación, precios de compra y venta, etc.

Mito 8: Hace falta una nueva revolución verde. Una vez más, bajo la  ‘lógica del mercado’, el aumento de la producción se sitúa como solución a un problema que en el fondo es de accesibilidad y justicia social. Apostar por una segunda ‘revolución verde’ sería incidir en un modelo ecológicamente insostenible que ha contaminado el medio ambiente y las personas. Los efectos negativos y los fracasos de los cultivos transgénicos han sido documentados ampliamente.

En diciembre, De Schutter publicó un informe en el que apostaba por la agroecología como un modelo ambientalmente más sostenible y socialmente más justo. Se detallaban experiencias de agricultores ecológicos que lograron mejores producciones que los convencionales y se afirmaba que «…la propagación de las prácticas agroecológicas puede aumentar al mismo tiempo la productividad agrícola y la seguridad alimentaria, mejorar los ingresos y los medios de sustento de la población rural y contener e invertir la tendencia a la pérdida de especies y la erosión genética.»[xi]

No hay peor ciego que aquel que no quiere ver, aunque tal vez alguien esté cegado por los intereses mezquinos de los amos del mundo, a los que poco les importa que millones de personas no tengan un bocado que llevarse al estómago. La instauración de la “lógica del mercado” con sus mitos y soluciones milagrosas, no hará otra cosa que agravar el problema, perpetuar el monopolio, desactivar al campesinado y aumentar el hambre en el mundo mientras unos pocos se lucran inescrupulosamente.

Vicent Boix (*).

Escritor, autor del libro El parque de las hamacas.

Artículo de la serie “Crisis Agroalimentaria”, más información:

http://www.elparquedelashamacas.org


[iii] FAO: “Los precios de los alimentos permanecen altos” Roma, 7 de junio de 2011.

Publicado por (*) Vicent Boix el 9 de Agosto, 2011, 13:26 | Comentar | Referencias (0)

 

 

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