Estados Unidos: gran triunfo para los campesinos del tomate frente a Burger King
Trabajadores inmigrantes de Florida, en Estados Unidos,
obtuvieron otro triunfo frente a una multimillonaria cadena de
restaurantes de comida rápida estadounidense. Más de un año después de
que la Coalición de trabajadores de Immokalee lanzaran su campaña para
convencer a la multinacional Burger King de pagar un centavo de dólar
más por cada libra de tomate que compre en el sur de Florida,
finalmente los directivos de la corporación accedieron a las demandas
de los campesinos.
El anuncio fue hecho en Washington, en una conferencia
de prensa con representantes de la Coalición de Trabajadores de
Immokalee, la vicepresidenta de Burger King, Amy Wagner, el senador
Bernie Sanders y otros líderes sociales.
Amy Wagner dijo a nuestro compañero Romeo Ramírez, de Radio Conciencia,
la radio de los trabajadores campesinos de Immokalee, que Burger King
pagará ese centavo extra por cada libra de tomate que los trabajadores
agrícolas cosechen. Para motivar la participación de los productores
que emplean a los campesinos, la corporación pagará los impuestos y
costos administrativos que resulten del incremento en los salarios de
los jornaleros, básicamente migrantes latinoamericanos.
La respuesta de los directivos de la empresa
multimillonaria Burger King, que finalmente acepta su responsabilidad
social por la pobreza de los migrantes, fue inicialmente mentir,
distorsionar la verdad y lanzar una campaña sucia contra los
recolectores de tomate y sus aliados. Por ejemplo, en octubre del 2007,
el director general de Burger King, John Chidsey, declaró que los
jornaleros de Florida estaban entre los mejor pagados de Estados
Unidos, porque ganaban en promedio 12 dólares y algunos hasta 20
dólares por hora. Sin embargo, la realidad es que los campesinos
trabajan por producción, no por hora y, en muchas ocasiones, tienen que
trabajar 10 horas para ganar 50 dólares.
Según denuncias de los campesinos, Burger King también pagó a una
compañía privada para infiltrarse en la Alianza de estudiantes,
organización importante de apoyo de los jornaleros, con el fin de
provocar conflictos internos.
El Senador Bernie Sanders, quien estuvo en enero pasado
en la región agrícola de Immokalee donde se han descubierto unos mil
casos de migrantes esclavizados, dijo que ha visto las condiciones en
que trabajan y viven los campesinos que son, tal vez, los trabajadores
más explotados en Estados Unidos.
Esta exposición tiene como objetivo
dar a conocer las desigualdades del comercio internacional de café,
denunciar quiénes son sus responsables, los actores que ganan y los que
pierden. Asimismo, define claramente la apuesta por otro modelo de
comercio, el de comercio justo, enmarcado dentro del concepto de
soberanía alimentaria, mostrando alternativas de organizaciones del sur
y del norte que trabajan este tema. A través de 10 plafones, con
dibujos e ilustraciones, se explica la situación actual del comercio
mundial del café, se denuncian a sus responsables y se proponen
alternativas a este consumo dentro del movimiento crítico de comercio
justo.
De Rebeliones por Comida a la Soberanía Alimentaria
Eric Holt-Giménez y Loren Peabody, traducido
por Leonor Hurtado.
El
Banco Mundial informa que el precio de la comida ha subido 83% en los
últimos tres años y la FAO indica un aumento de 45% en el índice de
precios en los últimos nueve meses. En el índice comparado, la
revista “El Economista” afirma que, es el más elevado desde 1845 cuando
se formuló por primera vez. En marzo de 2008, el precio promedio del
trigo a nivel mundial subió 130% en relación con el año anterior, la
soja 87%, el arroz 74% y el maíz subió 31%.
Alimentos: silencioso asesinato en masa en países en desarrollo
■ Cambiar el sistema agroalimentario, única alternativa para detener el fenómeno
■ El futuro inmediato, de penuria y altos precios
■ Los transgénicos no serán la solución
Luis Hernández Navarro
Comenzó
en México como la guerra de la tortilla en enero de 2007. Se siguió a
Italia como la huelga del espagueti nueve meses más tarde. Después se
convirtió en alud imparable. Las protestas contra el alza en el precio
de los alimentos se sucedieron en Haití, Mauritania, Yemen, Filipinas,
Egipto, Bangladesh, Indonesia, Marruecos, Guinea, Mozambique, Senegal,
Camerún y Burkina Faso.
En el mundo de hoy hay más hambre de la
que había. La desesperación y la rabia ante el hecho de no tener un
bocado que llevarse a la boca han provocado saqueos y robo de cereales
en campos, bodegas y tiendas; también caos, pillaje e incendios. Muchos
gobiernos han respondido con detenciones arbitrarias, asesinatos y
torturas. En Pakistán y Tailandia los ejércitos patrullan las calles.
En
Haití, las manifestaciones dejaron saldo de varios muertos y decenas de
heridos. Para paliar el descontento, el haitiano René Preval anunció un
programa de subvención para la producción local de arroz, leche y
huevos.
En Marruecos, ciudadanos furiosos han formado los tansikiyate
para luchar contra el alza de precios de productos de primera
necesidad. El pan subió de golpe 25 por ciento en septiembre de 2007, y
se produjeron graves incidentes en la ciudad de Sefrú.
En Egipto,
el descontento actual remite a épocas pasadas. El clérigo Sheik Yusef
al Bradi, de la Universidad de Al Azar, recordó las similitudes con la
famosa “revuelta del pan” en 1977, cuando el gobierno intentó recortar
las subvenciones a los alimentos y se produjeron grandes disturbios.
Por lo menos tres personas murieron en el delta del Nilo.
En
febrero de 2008 se suscitaron graves conflictos en Camerún. La policía
reprimió salvajemente a los inconformes. El presidente Paul Biya, quien
gobierna desde 1982, reconoció 40 muertos; los inconformes afirman que
fueron más de 100.
Se trata de un hecho global. Usualmente la
escasez generalizada de alimentos se ha producido en países y regiones
localizadas, ante desastres naturales, plagas o guerras. Pero ahora
sucede de manera simultánea en multitud de naciones y varios
continentes.
El aumento –por ejemplo– a los precios del trigo
tiene impacto real, pero limitado, para los consumidores europeos. En
el viejo continente el pan supone apenas 1.8 por ciento del costo de la
canasta básica. Pero en países con poblaciones pobres, como India,
China y Egipto, que han hecho grandes esfuerzos por combatir la
desnutrición, ha tenido efectos severos.
La situación es
dramática. Cada cinco segundos se produce en el mundo una muerte de un
menor de 10 años por hambre, y la situación va a agravarse. Hay cerca
de 850 millones de seres humanos que no tienen que comer. El Programa
Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estima que, a partir de la
actual crisis, hay 100 millones de personas hambrientas más. De acuerdo
con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), en 37 países se ha
desatado una crisis alimentaria. En 2008, los naciones más pobres
pagarán 65 por ciento más por sus importaciones de cereales; en algunos
países africanos el incremento será de 74 por ciento.
Jean
Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a los alimentos,
sostiene que es como si detrás de cada víctima por la hambruna hubiese
un asesinato. “Esto es un asesinato en masa silencioso.”
La ley de San Garabato (vender caro, comprar barato)
La
producción de alimentos se ha modificado notablemente en el último año
y medio. Las piezas del sistema agroalimentario mundial se han
trastocado. Hasta ahora la agricultura se había caracterizado por una
caída sostenida en los precios reales, acompañada por incrementos
temporales en los precios de algunos productos, cultivos excedentes,
agresivas políticas de apoyo a los precios y protección comercial. Esta
disminución en los precios ocurrió a pesar del aumento en los costos de
fertilizantes y energéticos.
Esa tendencia cambió ya
radicalmente. El nivel de reservas de granos y oleaginosas, de acuerdo
con los estándares históricos, se ha reducido dramáticamente. Sus
precios se han incrementado hasta llegar a las nubes.
Hoy, el
arroz cuesta en Asia tres veces más de lo que valía hace apenas tres
meses. En la bolsa de Chicago el precio de un bushel (25.401
kilogramos) de maíz alcanzó 6.37 dólares, precio nunca antes visto. El
trigo elevó su valor 130 por ciento en un año.
Esta escalada
inflacionaria abarca muchos otros productos agropecuarios. En México el
litro de aceite subió de 6.73 pesos en enero de 2006 a 36.50 en abril
de 2008, mientras el pan de caja pasó de 13.21 pesos en enero de 2006 a
24 en abril de este año. En casi todo el mundo han aumentado lácteos,
carnes, huevo, vegetales y frutas.
Irónicamente, durante 2007 la
producción mundial de granos aumentó 4 por ciento en relación con 2006.
La cosecha fue de 2 mil 300 millones de toneladas. Esto es un volumen
tres veces mayor al obtenido en 1961. Sin embargo, durante ese mismo
lapso la población humana se duplicó.
El problema del hambre en
el mundo no es, entonces, falta de comida, sino que millones de seres
humanos no pueden comprarla. En contra de lo que señalan las leyes del
mercado, que dicen que si la producción aumenta los precios bajan, el
costo de los alimentos ha subido.
Parte de la adversidad proviene
de la creciente concentración monopólica de la industria
agroalimentaria mundial. El hambre de muchos es la bonanza de pocos. En
momentos de adversidad como la actual, un puñado de empresas han visto
crecer sus ganancias de manera desorbitada.
Es el caso de las
compañías dedicadas a la fabricación de fertilizantes. Durante 2007,
Potato Corp incrementó sus beneficios 72 por ciento respecto de 2006.
Yara tuvo 44 por ciento más utilidades. Las ganancias de Sinochem
crecieron 95 por ciento, y las de Mosaic 141 por ciento.
También
las grandes comercializadoras de granos. Durante los tres primeros
meses de 2008, Cargill obtuvo beneficios 86 por ciento mayores que
durante el mismo periodo del año anterior. En 2007, ADM tuvo ganacias
67 por ciento superiores a las de 2006; Conagra, 30 por ciento; Bunge,
49 por ciento, y Noble Group, 92 por ciento.
Igual suerte tienen
las multinacionales procesadoras de alimentos, como Nestlé y Unilever,
y las firmas dedicadas a producir semillas y agroquímicos, como Dupont,
Monsanto y Sygenta. (Véase, “El negocio de matar de hambre”, Grain, abril de 2008).
Los granos de la mazorca
¿Por
qué, entonces, si el volumen de la cosecha de granos en 2007 logró
récord mundial, los precios de los alimentos se han elevado?
Básicamente,
por la confluencia de cinco factores en el marco de la crisis general
de un modelo de producción agropecuario. Éstos son: utilización de
granos básicos para elaborar agrocombustibles; incremento en el precio
de los insumos; efectos del calentamiento global en la agricultura;
cambios en el patrón de consumo alimentario, y la especulación en la
bolsa de valores. Todo ellos como parte de la crisis del modelo de la
agricultura industrial en grandes predios, altamente dependiente del
petróleo, basada en la lógica de las ventajas comparativas y el libre
comercio, dominante hoy día.
En sincronía con el aumento del
precio del petróleo en el mundo, se ha intensificado la elaboración de
agrocombustibles. Más que por el impulso del mercado, su fabricación ha
crecido por el apoyo de cuantiosos subsidios y políticas públicas
destinadas a su fomento. La Unión Europea acordó como obligación para
2010 que 5.75 por ciento del transporte se base en bioetanol y
biodiesel. En Estados Unidos, la legislación prevé que en 2012 se
usarán 27 mil millones de litros de agrocombustibles. George W. Bush
propuso como meta elaborar 133 millones de litros en 2017. Para ello se
ha establecido un ambicioso programa de incentivos económicos a los
productores.
El crecimiento de la demanda mundial de
agrocombustibles ha reducido la producción de granos, reconvertido los
cultivos en amplias superficies agrícolas y disparado los precios. La
población mundial consume directamente menos de la mitad de los granos
que se cosechan. El resto sirve para alimentar vacas y vehículos
motorizados.
El incremento en el precio del petróleo ha subido
los costos de producción agrícola. El modelo preponderante es adicto al
oro negro. No puede sembrar sin él. Los fertilizantes y parte de los
agroquímicos utilizados en las cosechas son hechos con petróleo. La
maquinaria y los vehículos para sembrar, cosechar, procesar, almacenar
y transportar necesitan combustibles y aceites provenientes de
refinados del petróleo. Parte de la energía eléctrica requerida para
extraer agua y regar los sembradíos se genera con derivados del
petróleo. Los plásticos que cubren invernaderos y las mangueras para
regar los campos son fabricados con materias primas provenientes del
petróleo. Los materiales para envasar y el trasporte hacia los mercados
requieren derivados del petróleo. Y todos ellos cuestan más ahora.
Plásticos como el polipropileno valen hasta 70 por ciento más que en
2003.
El modelo agrícola industrial preponderante es parcialmente
causante del cambio climático. Ahora, esa transformación ha dislocado
la agricultura mundial. La tradicional incertidumbre del sector es
mucho mayor. El uso excesivo de fertilizantes, la degradación de
suelos, la reconversión de terrenos antes forestales y la ganadería han
convertido la agricultura en uno de los mayores productores de gases de
efecto invernadero. Según el informe Stern, la suma de producción
agrícola, cambio de uso del suelo, producción y comercialización de
insumos y fabricación de equipos e implementos agropecuarios, son
responsables de 41 por ciento del total de gas carbónico que se emite
en el mundo.
El clima ha enloquecido y arrastrado la vida rural.
La sequía en Australia devastó las siembras de trigo, y las
exportaciones cayeron más de 20 por ciento. Canadá, segundo productor
mundial después de Estados Unidos, va a tener la producción más pequeña
en cinco años. En Kansas se sufrieron nevadas. En China, el
calentamiento global acortará el periodo de crecimiento de los cereales
y las semillas no tendrán tiempo de madurar. Además, las recientes
inundaciones destruyeron 5.5 millones de hectáreas de trigo y colza.
Sequías y lluvias amenazan con derrumbar las cosechas por doquier.
El
crecimiento económico en países como India y China ha modificado la
pauta de consumo alimentario de millones de personas. Hoy comen más,
mejor y otro tipo de productos. Por ejemplo, el consumo de carne de
vacuno ha aumentado. Pero para producir un kilo de carne de res en pie
se necesitan ocho kilos de cereales. Un kilo de carne comestible
requiere el doble de cereales. Así, detrás de los millones de
hamburguesas que se consumen en el mundo hay más y más sembradíos de
granos y oleaginosas para engordar vacas.
El mercado agrícola ha
entrado en la órbita financiera. La comida forma parte del casino de la
especulación financiera. Ante la crisis de las hipotecas, la debilidad
del dólar y la recesión en Estados Unidos, los fondos de inversión se
han trasladado al lucrativo negocio del hambre. La comida se ha
convertido –mucho más de lo que ya era– en bien para especular. Durante
2007, dichos fondos invirtieron 175 mil millones de dólares en el
mercado de futuros (contratos que obligan a comprar o vender una
mercancía a un precio y un plazo determinados). Actualmente dominan 40
por ciento de los contratos en la bolsa de valores de Chicago,
proporción sin precedente. La compra de soya en ese terreno pasó de 10
millones de toneladas en marzo de 2007 a 21 millones el mismo mes de
este año.
Un modelo en crisis
La
producción de alimentos es un arma clave y poderosa que Estados Unidos
ha aceitado desde hace décadas. Guerra, alimentos y derechos de
propiedad intelectual están estrechamente vinculados con la estrategia
económica de la Casa Blanca desde los años 70. Desarrollo de la
industria militar, producción masiva de granos y patentes han sido
pilares de la hegemonía estadunidense en la economía mundial.
La
comida es un instrumento de presión imperial. John Block, secretario de
Agricultura entre 1981 y 1985, afirmó: “El esfuerzo de algunos países
en vías de desarrollo por volverse autosuficientes en la producción de
alimentos debe ser un recuerdo de épocas pasadas. Éstos podrían ahorrar
dinero importando alimentos de Estados Unidos”.
Los productos agrícolas made in USA
son una de las principales mercancías de exportación de ese país. Con
su mercado interno saturado está empujando, agresivamente, para abrir
las fronteras a sus alimentos. Una de cada tres hectáreas se destina a
cultivar productos agropecuarios para exportación. Una cuarta parte del
comercio rural la realiza con otros países. Si hasta antes de 1973 los
ingresos por las ventas de este sector al exterior fluctuaban alrededor
de 10 mil millones de dólares cada año, a partir de entonces aumentan
en un promedio anual de 60 mil millones. El éxito se basó, en mucho, en
la combinación de apoyos gubernamentales a la producción y al producto,
para derrumbar los precios por debajo de los costos de producción, así
como en abundantes subsidios a la exportación.
El presidente
George W. Bush lo ratificó al firmar la Ley de Seguridad para las
Granjas e Inversión Rural de 2002. “Los estadunidenses –dijo– no pueden
comer todo lo que los agricultores y rancheros del país producen. Por
ello tiene sentido exportar más alimentos. Hoy, 25 por ciento de los
ingresos agrícolas estadunidenses provienen de exportaciones, lo cual
significa que el acceso a los mercados exteriores es crucial para la
sobrevivencia de nuestros agricultores y rancheros. Permítanme ponerlo
tan sencillo como puedo: nosotros queremos vender nuestro ganado, maíz
y frijoles a la gente en el mundo que necesita comer.”
Sistemáticamente,
los organismos financieros multilaterales han promovido la destrucción
de la producción agrícola local y la importación de alimentos de las
naciones más pobres. El 70 por ciento de los países en desarrollo son
ahora importadores netos de alimentos. Sus habitantes viven el
asesinato silencioso en masa de esta guerra no declarada.
Aunque los springbreakers
del libre comercio, como Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial,
insisten en que para superar la crisis hay que hacer más de lo mismo,
esto es, liberalizar los mercados, desregular la economía, desarrollar
nueva tecnología y dar ayuda alimentaria, el modelo de agricultura
industrial y ventajas comparativas comienza a cuartearse. Los estados
se han decidido a intervenir en la economía.
Según Economist Intelligence Unit (La Jornada,
29/4/08), “de 58 países cuyas reacciones son seguidas por el Banco
Mundial, 48 han impuesto controles, subsidios al consumidor,
restricciones a la exportación o aranceles inferiores”. Malawi ha
desafiado con éxito el Consenso de Washington y se ha convertido en
exportador de granos.
A finales de febrero el presidente Evo
Morales aprobó un decreto que prohíbe temporalmente la exportación de
varios alimentos, como carne de res y arroz, debido a la escasez en el
mercado. La medida también afecta al trigo, el maíz, el azúcar y los
aceites comestibles, que Bolivia exportaba a naciones vecinas, cuya
carestía en el mercado local disparó los precios. Según el mandatario
boliviano, “en la vivencia familiar, cuando sobran nuestros productos,
tenemos todo el derecho a vender y exportar; si faltan, estamos en la
obligación de garantizar la alimentación familiar”.
Quince países
latinoamericanos acordaron en la Cumbre sobre Soberanía y Seguridad
Alimentaria declarar la emergencia. Nicolás Maduro, canciller
venezolano, propuso crear un “fondo agrícola-petrolero” y un banco
latinoamericano de productos agropecuarios. Los gobiernos
centroamericanos están desembolsando dinero en efectivo, dando
fertilizantes y semillas mejoradas, comprando granos a los campesinos
para evitar que los altos precios terminen hundiendo en la miseria a
millones de personas.
India ha prohibido que arroz, trigo,
garbanzos, papas, caucho y aceite de soya coticen en el mercado de
futuros. Rusia ha congelado precios de leche, huevos, aceite y pan. El
gobierno chileno entregará un bono equivalente a unos 45.5 dólares a un
millón 400 mil familias pobres. Indonesia ha triplicado sus subsidios a
los alimentos.
La superficie agrícola llegó, en lo esencial, a su
límite. El modelo de revolución verde de los 60 ha alcanzado un tope.
Entre los 70 y 90, los rendimientos agrícolas crecieron a un ritmo de
2.2 por ciento al año. Sin embargo, ahora aumentan a una tasa de uno
por ciento anual. No hay tierra agrícola suficiente para producir
simultáneamente granos para la alimentación humana y para “dar de
comer” a los automóviles. Es falso que transgénicos vayan a resolver
esa crisis; por el contrario, la agravarán.
Para los pobres del
mundo, las noticias no son buenas. El futuro inmediato será de penuria
alimentaria y altos precios. No hay perspectiva de comida barata.
El
asesinato silencioso en masa que viven hoy las naciones no
desarrolladas y sus pueblos debe ser detenido. Ello sólo será posible
cambiando drásticamente el actual sistema agroalimentario. La solución
al problema está en manos de 450 millones de campesinos minifundistas,
a los que, por todos los medios, se ha tratado de expulsar de sus
parcelas. Tres cuartas partes de los pobres del mundo sobreviven de la
agricultura, y 95 por ciento de los campesinos habitan en países
pobres. Es a ellos a quienes debe apoyarse.
También deben
impulsarse políticas públicas que defiendan la soberanía alimentaria de
las naciones. Cuando sea necesario, los gobiernos deben tener el
derecho a cerrar sus fronteras para defender su producción interna, a
apoyar a sus productores con los estímulos que consideren convenientes.
Hoy, más que nunca, la agricultura debe estar fuera de la Organización
Mundial del Comercio.
Como lo saben quienes han vivido guerras,
la mayor debilidad de una nación es depender de otras para alimentar a
sus ciudadanos. La comida más cara es la que no se tiene.
La desigualdad y la injusticia adoptan muchas formas, a veces, el
sinsentido del capitalismo incluso les da la forma de una rosa roja.
Las raíces de algunas flores son muy profundas, del tallo se clavan en
el suelo bajo nuestros pies y de ahí siguen creciendo, atraviesan el
Atlántico a gran velocidad y se detienen en la sabana de Bogotá. Allí,
bajo plásticos para mantener el calor de la desesperación humana, se
nutren de machismo, de fumigaciones, de acosos, de injusticia, de
pobreza, de hambre, de enfermedades, de trabajos sin derechos, de
jornadas donde el reloj se guarda en el bolsillo del propietario y no
sale de ahí hasta que él decida, de salarios que apenas permiten
comprar un poco de aire, enfermo, donde respirar, de ciudades basura
donde se malvive, de familias desmenuzadas como los suelos agrarios
bajo sus pies hinchados... Clica aquí y sigue leyendo
El
precio de los alimentos y, en especial, de los cereales básicos ha
aumentado espectacularmente en estos últimos meses. Los medios de
comunicación nos han mostrado nuevas revueltas del hambre en los países
del Sur que nos recuerdan aquellas que se llevaron a cabo a mediados y
finales de los ochenta contra los planes de ajuste estructural
impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
En
países como Haití, Pakistán, Guinea, Marruecos, México, Senegal,
Uzbekistán, Bangladesh… la gente ha salido a la calle para decir: “Ya
basta”. Pero, ¿qué se esconde detrás de la crisis alimentaria mundial?
¿Todo el mundo pierde? ¿Hay quien sale ganando?
Els cultius transgènics estan contaminant les plantacions ecològiques!
Les multinacionals han passat a controlar les llavors i els pagesos i els territoris han perdut autonomia!
Els
conreus Bt provoquen resistència als antibiòtics i la pròpia UE ha
prohibit l'ús del Blat de moro 176 de Syngenta a partir del 31 de
desembre del 2004. A l'Estat Espanyol n'hi ha més de 30.000 hectàrees !
Catalunya és un paradís per les multinacionals biotecnològiques (6.000 hectàrees de blat de moro BT )!
Desde hace días se suceden
las manifestaciones populares en varios países del Sur. Los motivos
del descontento son semejantes en todos los casos: los precios de los
alimentos básicos han experimentado una fuerte y rápida
subida, y las poblaciones, ya empobrecidas por la globalización,
son incapaces de asumir esta carga añadida. ¡Los pueblos
tienen hambre! Las causas del estallido son múltiples,
pero globalmente obedecen a dos incentivos económicos. Por un lado,
una especulación de repliegue sobre los géneros alimentarios
tras la crisis de las hipotecas de riesgo, y por otra la producción
de agrocarburantes y el calentamiento climático.Sin
embargo, hay periodistas que responsabilizan en sus artículos a
las autoridades africanas de las catastróficas políticas
alimentarias, como si no supieran que las políticas agrícolas
del Sur están sometidas a las directrices del Banco Mundial, el
Fondo Monetario Internacional (FMI) y los Acuerdos de Asociación
Económica (AAE). Quienes condicionan la opinión
pública hacen gala de una ligereza sospechosamente escorada. Por
ejemplo, en la prensa escrita belga leemos: «Muchos países
del continente [africano] importan alimentos en vez de producirlos porque
las autoridades locales dan prioridad a los cultivos de exportación
para cobrar divisas que les permitan comprar lo que no producen»
|1|. Curiosa síntesis. Tan curiosa como simplista, porque como
quien no quiere la cosa exculpa las políticas neoliberales de privatización
y planes de ajuste estructural (PAE) impuestas desde hace treinta años
por las instituciones financieras internacionales y los gobiernos del
Norte al resto del mundo...
Pido perdón por mi intromisión en los temas culinarios -tan bien expuestos en su blog por el maestro Pablo Amate-,
pero siendo primavera, 14 de abril y un día tan soleado como
republicano, no he podido resistirme a ofrecer a todos/as mis amigos y
amigas blogueros, esta humilde y refrescante receta.
Es apta para todos los públicos (aunque ya sabemos que nuestros niños y niñas son un poco reacios a las frutas), pero sobre todo es refrescante, deliciosa y muy, pero que MUY DULCE.
Y es que, tenemos que celebrar todos los días una vida, la nuestra, la de nuestros hijos, la de nuestros amigos.
Ingredientes (para 3 ó 4 personas):
- 500 gramos de fresas.
- 3 ó 4 platanosde mediano tamaño.
- 500 gr. de ciruelas moradas (algo maduras).
- anís seco en grano.
- un vasito de lícor de vino (dulce) blanco.
- medio vaso de zumo de mandarina (o naranja)
- 2 cucharadas de azúcar(o sacarina)
- unas hojas de menta o yerba buena.
ELABORACION
- Se cortan las fresas en trocitos muy pequeños; igualmente se hace con los plátanos y las ciruelas.
.
Se echan en una fuente de cristal (la transparencia hará su vistosidad) los tres ingredientes por separado (y en forma de bandera): 1º las fresas, después los plátanos y a continuación las ciruelas (por eso le llamo REPUBLICANA).
Una vez en la fuente, se añade el anís seco en grano y se añaden las 2 cucharadas de azúcar -espolvoreando tanto el anís como el dulce elemento- ; se vierte sobre la fruta (en forma de chorreo) el medio vaso de zumo de mandarina y el vasito de licor de vino.
Como "escudo" a tan dulce bandera: varias hojas esparcidas de yerba buena.
Recomendaciones: el vino de lícor se puede modificar por cualquier otro tipo de licor (yo recomiendo un LICOR de VOKDA con NARANJA que venden en "mercadona" o un chorreoncito de güisqui)
Una vez finalizado el postre (poner en el frigo para que esté bien fresquito) y mezclar los ingredientes (a voluntad) antes de servir. RIQUÍSIMO.
NOTA: si no encontráis ciruelas negras, pues siempre se
pueden poner unas uvas tintas, unas grosellas, unas moras... (incluso
unas cerezas muy oscuras).
ACOMPAÑAMIENTO: Un vasito (fresquito) de licor de VODKA con NARANJA o un vino dulce de postre (Jerez, Oporto o Montilla/Moriles).
O un buen y fresco CAVA catalano/español.
.
Y que aproveche. Espero que os guste y lo podáis disfrutar.
.
Que paséis un buen día amigos y amigas. ¡ Salud y República !
.
P.D: las fresas de tus labios harán sonreir hasta el corazón más endurecido.
En defensa de la tierra y de la soberanía alimentaria
Contra el “libre comercio” de alimentos. Por un consumo responsable agroecológico autogestionado.
Desde tiempos inmemoriales, l@s campesin@s aplican técnicas de cultivo
respetuosas con la fertilidad de la tierra, las especies mejor
adaptadas a cada territorio y la lucha biológica contra las plagas. Sin
embargo, el campesinado es una “especie en extinción” a manos de
empresas agroalimentarias cuyo producto principal no son los alimentos
sanos y nutritivos, sino el beneficio económico. LAS MULTINACIONALES CONTRA L@S CAMPESIN@S Y L@S CONSUMIDOR@S.
Desde tiempos inmemoriales, l@s campesin@s aplican técnicas de cultivo
respetuosas con la fertilidad de la tierra, las especies mejor
adaptadas a cada territorio y la lucha biológica contra las plagas. Sin
embargo, el campesinado es una “especie en extinción” a manos de
empresas agroalimentarias cuyo producto principal no son los alimentos
sanos y nutritivos, sino el beneficio económico.
El desembarco del gran capital en la producción y distribución de
alimentos arruina la pequeña y mediana explotación agropecuaria y el
pequeño comercio. Producir alimentos sanos respetando la naturaleza es
más caro, por unidad de producto, que producir comida basura a gran
escala para el mercado mundial. Sin embargo, la producción campesina
respetuosa con la salud pública, los derechos sociales y la fertilidad
de la tierra, es mucho más eficiente que la producción de alimentos a
escala industrial.
Para producir un kilo de carne se necesitan, como mínimo, 16 kilos de cereales, 20.000 litros de agua y la energía equivalente a 8'3 litros de gasolina.
Por tanto, para reducir las emisiones de dióxido de carbono reduce tu
consumo de carne. En cambio, un kilogramo de cereal sólo precisa 100
litros de agua, unos pocos gramos de abonos y poca gasolina. Así, es
claro que comer carne es un privilegio: En norteamérica se ingieren 132
kilogramos anuales por habitante, en Indostán son 2 y en España son 90.
La cifra española ya supera en un 30% lo recomendado por la O.M.S.
(Organización Mundial de la Salud). La media mundial estaría en unos 30
kilogramos anuales. Según algunas fuentes, con el 15% de los cereales empleados en el engorde de ganado se podría solucionar el hambre crónica del llamado Tercer Mundo.
Si te importa el hambre en el mundo, come menos carne
Traducción: Félix Nieto para Globalízate
Olvídate de la crisis económica. Concéntrate por
un momento en una amenaza más urgente: la gran recesión
de alimentos que está azotando al mundo más rápidamente
que la crisis crediticia.
Posiblemente ya habrás visto las cifras: el precio del arroz ha
aumentado ¾ durante el año pasado, el del trigo en un 130%
(1). Hay crisis alimentarias en 37 países. Según el Banco
Mundial cien millones de personas puede que sean aún más
pobres debido a los precios de los alimentos (2). Pero te apuesto lo que
quieras a que no te has dado cuenta de la estadística mas reveladora.
La cosecha de cereales ascendió a dos mil cien millones de toneladas
rompiendo todos los récords. (3). Superó a la del año
anterior en casi un 5%. La crisis, por decirlo de otra manera ha comenzado
antes que las reservas de alimentos sean afectadas por el cambio climático.
Si el hambre puede golpear ahora, ¿que pasará si las cosechas
disminuyen?
Hay suficiente comida. Lo que ocurre es que no llega a los estómagos
de las personas. De las dos mil cien millones de toneladas que se consumirán
este año, solo la mitad, según la Organización para
la Agricultura y la Alimentación de las NNUU (FAO) se emplearán
para alimentar a las personas. (4)
Esto me está tentando sobre manera a escribir otra columna sobre
biocombustibles. Desde esta mañana todos los distribuidores de
combustible para el transporte en el Reino Unido están obligados
a mezclarlo con etanol o biocombustibles obtenidos de productos agrícolas.
El Banco Mundial subraya que “la cantidad que se necesita para llenar
un deposito de un coche deportivo con etanol… podría alimentar
a una persona durante un año (5). El año pasado las reservas
de cereales declinaron en unas 53 millones de toneladas (6). Esto te dará
una idea del tamaño de la brecha del hambre. La producción
de biocombustibles este año consumirá 100 millones de toneladas
(7), lo que sugiere que estos son directamente responsables de la crisis
actual. En la edición de The Guardian de ayer la secretaria de
estado para el transporte Ruth Kelly, prometió que “si a
la luz de nuevas evidencias tenemos que ajustar las políticas,
lo haremos.” (8) ¿Qué más evidencias necesita?
Al comienzo de una crisis humanitaria global, nos vemos obligados a utilizar
comida como combustible. Es un crimen contra la humanidad en el que todos
los conductores son obligados a participar.
Pero llevo diciendo esto desde hace cuatro años y ya me está
aburriendo. Por supuesto tenemos que exigir que nuestros gobiernos anulen
las reglas que convierten los alimentos en la comida más rápida
de todas. Pero existe un motivo mas importante en el problema del hambre
mundial, al que se le esta prestando menos atención por el hecho
de que lleva más tiempo entre nosotros. Mientras que 100 millones
de toneladas de comida serán utilizadas para alimentar a los coches,
otras 760 m/ton. Se utilizaran para alimentar a animales. (9). Esto podría
cubrir el déficit global de comida 14 veces. Si te importa el hambre,
come menos carne.
Mientras el consumo de carne está aumentando en Asia y en América
Latina, en el Reino Unido prácticamente no ha variado desde que
el gobierno recopila estos datos en 1974. Con una media de 1Kg por persona
a la semana (10) es un 40% más alta que la media global. (11) aunque
la mitad de la de los EEUU. (12) Comemos menos carne de vacuno y más
pollo que hace 30 años, lo que se traduce en un impacto menor.
El ganado vacuno come unos 8 Kg por cada kilogramo de carne que produce,
un kilogramo de carne de pollo consume dos kilogramos de alimento. Incluso
así nuestro nivel de consumo es insostenible.
Simon Fairlie en su revista The Land, ha actualizado las cifras producidas
hace 30 años por Kenneth Mellanby en su libro Can Britain feed
itself? (¿puede Gran Bretaña alimentarse por si misma?)
Uno de sus descubrimientos fue que una dieta vegetariana con una agricultura
convencional requeriría sólo 3 hectáreas de tierra
arable (más o menos el total actual) (13). Incluso si reducimos
nuestro consumo de carne a la mitad, un sistema agrícola mixto
necesitaría 4,4 hectáreas de terrenos arables y 6,4 millones
de hectáreas de pastos. Una Gran Bretaña vegetariana haría
una contribución masiva a las reservas globales de alimentos.
Pero no puedo hablar a favor de una dieta que seria incapaz de seguir.
Lo intente durante 18 meses, perdí unos 13 kilos, mi piel se volvió
blanca como un hueso y sentía que estaba perdiendo la cabeza. Conozco
unos cuantos vegetarianos que tienen muy buena salud y los admiro profundamente.
Pero casi cada vez que he hablado en público, montones de vegetarianos
me apabullan para que siga su estilo de vida. No puedo evitar fijarme
en el color de sus pieles que en la mayoría de los casos se ha
vuelto de un fascinante gris perla.
¿Que nivel seria sostenible comiendo carne? Una manera de responder
es calcular que reducción seria necesaria teniendo en cuenta el
crecimiento de la población. Las NNUU pronostican que en 2050 la
población será de 9 mil millones. Entonces este número
extra de gente necesitará otras 325 millones de toneladas de cereales
(14). Asumamos, puede que generosamente, que los políticos como
Nelly son capaces de “ajustar las políticas a la luz de las
nuevas evidencias” y dejen de convertir la comida en combustibles.
Pretendamos que la alimentación de plantas puede mantener el ritmo
con las pérdidas provocadas por el cambio climático. Necesitaríamos
encontrar otras 225 millones de toneladas de cereales. Esto nos deja con
531 m/ton para la producción ganadera, o sea con un consumo sostenible
de carne y leche un 30% menor al actual globalmente. Esto significa 420
gr. de carne por persona a la semana, o un 40% de la media británica.
Este cálculo es complicado por diversos factores. Si comemos menos
carne debemos comer más proteínas vegetales, lo que se traduce
en menos tierras para los animales. Pero, algunos animales son criados
en pastos, por lo que no contribuyen al déficit de los productos
agrícolas. Simon Fairlie calcula que si los animales estuvieran
en terrenos no utilizables por la agricultura y fuesen alimentados de
restos y desechos de la producción de alimentos, el mundo podría
producir entre 1 y 2/3 de la provisión de carne y leche actuales.
(15). Pero este sistema se enfrenta a otro problema.
La Organización para la Agricultura y la Alimentación calcula
que la cría de animales es responsable del 18% de los GEI. Los
impactos medioambientales son especialmente graves en lugares donde el
ganado se alimenta libremente. (16). La única respuesta razonable
para la pregunta de cuanta carne debemos comer es, la menos posible. Reservémosla,
como muchas sociedades han hecho hasta hace poco, para las grandes ocasiones.
Por motivos medioambientales y humanitarios la carne de vacuno está
descartada. Los cerdos y los pollos se alimentan más eficientemente,
pero al menos que no estén encerrados, esta es otra razón
ética: las condiciones monstruosas en las que se encuentran.
Me gustaría animar a la gente a comer tilapia en lugar de carne.
Es un pescado de agua dulce que puede ser criado completamente de materia
vegetal y tiene la mejor conversión de eficiencia- 1,6 kg por kilo
de carne- de cualquier animal destinado al consumo humano. (17) Hasta
que la carne de vacuno pueda ser producida en frascos, esto es lo más
cercano que podemos llegar en comer vacuno de una manera sostenible.
Al releer este articulo me he dado cuenta que hay algo en el bastante
surrealista. Mientras la mitad del mundo se pregunta si van a poder comer
algo, yo estoy diciendo cuales pueden ser nuestras interminables opciones.
Aquí el precio de los alimentos casi no cuenta. Nuestras tiendas
tienen una oferta de productos más extensa que nunca. Nosotros
percibimos la crisis alimentaria global muy ligeramente, si es que la
percibimos. Es difícil entender como estas dos completamente diferentes
economías de los alimentos pueden formar parte del mismo planeta,
hasta que te das cuenta que una se alimenta de la otra.
Articulo Original:
The Pleasures of the Flesh
If you care about hunger, eat less meat.
Posted April 15, 2008 http://www.monbiot.com/archives/2008/04/15/the-pleasures-of-the-flesh/
Referencias:
1. Eg http://news.bbc.co.uk/1/hi/world/7284196.stm
2. World
Bank, 14th April 2008.
Food Price Crisis Imperils 100 Million in Poor Countries, Zoellick Says.
Press release.
3. Food and Agriculture Organisation, April 2008. Crop Prospects and Food
Situation.
http://www.fao.org/docrep/010/ai465e/ai465e01.htm
4. ibid.
5. World
Bank, 2008. Biofuels: The Promise and the Risks.
6. Gerrit Buntrock, 6th December 2007. Cheap no more. The Economist.
7. Food and Agriculture Organisation, April 2008, ibid.
8. Ruth Kelly, 14th April 2008. Biofuels: a blueprint for the future?
The Guardian.
9. Food and Agriculture Organisation, April 2008, ibid.
10. The British government gives a total meat purchase figure of 1042g/person/week
for 2006.
http://statistics.defra.gov.uk/esg/publications/efs/datasets/UKHHcons.xls
11. There’s a discussion of global average figures here: http://envirostats.info/2007/09/18/0406/
12. See Food and Agriculture Organisation, 2006. Livestock’s Long
Shadow. Figure 1.4, p9.
ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/010/a0701e/a0701e.pdf
13. Simon Fairlie, Winter 2007-8. Can Britain Feed Itself? The Land.
14. Based on the current population of 6.8bn consuming 1006mt of grain.
15. Simon Fairlie, forthcoming. Default livestock farming. The Land, Summer
2008.
16. Food and Agriculture Organisation, 2006. Livestock’s Long Shadow.
ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/010/a0701e/a0701e.pdf
17. The FAO (ibid) gives 1.6-1.8. On April 12th, I spoke to Francis Murray
of the Institute of Aquaculture, University of Stirling, who suggested
1.5.