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Estos días nos hemos sobrecogido, enfurecido y espeluznado
con la matanza de focas… ¿Se han parado a pensar lo que hacemos con
casi todo el marisco, con los caracoles y con otros bichos como las
ranas? Pues, sencillamente, los echamos vivos en agua hirviendo y luego
nos los comemos… Algunas personas son más “humanitarias” y los echan,
vivos también, en agua fría, así se van acostumbrando a la muerte y
ésta les llega cómo si tal cosa.
El
caso es que marisco, caracoles y ranas, se parecen tan poco a nosotros
que ni siquiera nos paramos a pensar que, cómo nosotros, también son
animales y portadores de vida. Y ahora, digan: ¿comer marisco,
caracoles y ranas, es ello para nosotros una necesidad imprescindible o
más bien un lujo exótico? ¡Ah, los lujos y las modas!. ¿Qué más da si
el cadáver lo lucimos cómo bolso, cómo abrigo, cómo bufanda, cómo
zapatos… o nos lucimos ante invitados, o sin ellos, con comida exótica?
A
comernos un buen muslo de señora, de señor o de niños, lo llamamos
antropofagia y canibalismo. Por supuesto eso está prohibido. Es un tabú
ancestral –salvo excepciones ritualísticas- devorar al propio tótem,
esto es, devorarnos entre nosotros mismos, y ni siquiera eso, porque el
tabú del "totem" sólo alcanza a los individuos del mismo grupo, de
manera que comerse unos a otros dentro del clan, antes, y, ahora,
comernos unos a otros dentro de la misma especie es antropofagia y está
"·mal visto".
Otra cosa es matarnos unos a otros,
maltratarnos, humillarnos, denigrarnos… Con tal de que no nos comamos,
todo está bien. ¿Qué más da si en una guerra matamos a desconocidos y a
cuantos más, mejor; por no se sabe que justificados ideales y por
cuales loables -o mercantilistas- cusas? El caso es no comerlos… Decía
Ingrid Newkirk, esa maravillosa activista, que "cuando se trata de
tener un sistema nervioso y la capacidad de sentir dolor, hambre y sed,
una rata es un puerco, es un perro, es un cordero, es un niño."
Si
nos comemos un buen entrecot a la pimienta, disfrutamos un montón; otra
cosa es que dijéramos que nos vamos a comer un pedazo de cadáver de
vaca. A buen seguro que si el mozo nos anunciara: “aquí está su porción de cadáver bovino”
al traernos el plato de entrecot, se nos revolvería el estómago. Vemos
un tierno corderito correr por la pradera y se nos enternece el
corazón, pero vemos un cadáver de corderito despellejado y troceado en
chuletas en la carnicería y se nos hace la boca agua pensando en las
mil maneras posibles de cocinar al cadáver.
El jamón que nos comemos con deleite, no es otra cosa que el muslo de un animal al que han acuchillado bárbaramente, desangrándolo aún vivo y entre horribles chillidos...
Vacas,
terneros, cerdos, corderos son conducidos de vil manera al matadero, en
él que se les da muerte vilmente y sin piedad ninguna. Antes de morir,
los pobres animales han descargado sobredosis de adrenalina por el
miedo. Y antes de llegar al matadero, los han engordado con mil
sustancias que se quedan en sus carnes. Todo ello nos lo tragaremos sin
más. Si no nos sobrecoge comer cadáveres de animales, por lo menos que
lo haga el querer conservar nuestra salud.
Y lo mismo podemos decir tanto de
pollos, como de las gallinas y de los huevos que ponen. Las torturas a
las que someten a estas aves, antes de matarlas, para que engorden, y,
en vida, para que pongan más y más huevos son inenarrables y
escalofriantes. Huevos llenos de adrenalina que ingeriremos con el
menoscabo de nuestra salud correspondiente y tras el sufrimiento de las
pobres aves.
Cuando
escuchamos que en muchos países de Asia y de África, tanto los gatos
como los perros y los simios constituyen deliciosos manjares, vemos a
nuestros gatos y perros, y vemos a los simpáticos monos, y sentimos que
se nos encoge el corazón… Sin embargo, no es así cuando vamos al
supermercado y llenamos nuestros carros de compra con los cadáveres
troceados de vacas, terneras, corderitos, pollos, gallinas, pescado,
marisco, patos, pavos, etc.
¿Cuál
es la diferencia entre un perro y un tierno corderito a la hora de
comer? ¿Cuál es la diferencia entre un gato y un conejo a la hora de
comer? ¿cuál es la diferencia entre un simio y un niño a la hora de
comer? ¡Sí, sí, no se escandalicen; sé perfectamente lo que acabo de
escribir...
¿Cómo no vamos a ser sadomasoquistas desalmados con
esta programación de insensibilidad sistemática e hipócrita alimentaria
a la que nos han sometido desde la cuna?
¡Cómo ven, nuestra hipocresía y crueldad, nuestra incoherencia y nuestra inconsciencia no tienen límites!.
En
la actualidad, comemos demasiada carne, tenemos una dieta que con
frecuencia adolece de carencia de frutas, de cereales, legumbres y de
verduras, y, en consecuencia no nos nutrimos bien, nos sobrealimentamos
de proteinas y grasas, y desatendemos la fibra, las vitaminas, etcétera
y padecemos transtornos como estreñimiento, dispepsias,
hipercolesterinemía, diabetes de tipo II, obesidad, avitaminosis,
etcétera. La cantidad de proteínas requeridas para un adulto es de 60 -
80 gramos en 24 horas, cantidades que excedemos de manera superlativa y
con comidas basura las más de las veces.
Probablemente,
aduzcan que es imprescindible comer carnes y pescados para satisfacer
esa pequeña cantidad protéica señalada. Cosa que no es cierta. Lo que
si es necesario es la ingesta regular de ocho aminoácidos
dfeterminados, sin los cuales no podemos construir ni sentetizar las
cadenas de proteinas completas que necesitamos. Pero para ello no es
necesario comer ni carnes ni pescados, ni ningún tipo de animal, ya que
podemos adquirir esos ocho aminoácidos concretos e indispensables,
combinando legumbres y cereales; y, sin abusapor el contenido graso que
tienen, podemos extraerlas de los lácteos (leche, yogures, quesos) y
del huevo. Pero eso sí, adquiriendo todos esos productos en granjas
ecológicas en las que vacas, cabras y aves sean tratadas en función de
sus necesidades biológicas, respetando sus ciclos naturales de
gestación y de la alimentación de sus crías (para los lácteos) y sus
ciclos naturales de poner huevos (para las aves), sin una manipulación,
ni hormonal ni ambiental, dirigida a la superproducción, comeremos
alimentos naturales sanos sin causar torturas ni perjuicios a los
animales que nos los brindan.
Otros de ustedes, tal vez
repliquen que los vegetales también son seres vivos... Pero piensen:
¿acaso no podemos respetar la vida del vegetal, comiendo sólo sus
frutos, sus bayas, su grano, etcétera? Pues, evidentemente, la
respuesta es sí.
¿Qué
la comida ecológica es más cara? Puede ser que sí. Pero si suprimimos
de nuestra dieta los cárnicos y los pescados y mariscos, y
racionalizamos la ingesta –qué no necesitamos comer tanto, sino mejor y
más equilibrado-, el costo será más o menos el mismo. Somos omnívoros,
esto es que podemos comer de todo. Pero nos estamos convirtiendo en
carnívoros inconscientes y depredadores hipócritas. Tal vez si
desmantelamos esa "educación" alimentaria que nos ha sido impuesta
desde la cuna, desmantelaremos también otros muchos aspectos de
nuestras conductas inconscientes y empezaremos a ser más humanos, más
homo sapiens, sapiens.
¡Buen provecho, y que lo disfruten!
LQSomos. Hannah. Abril de 2008 Más artículos de la autora
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