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Historia de dos tomates

Uno creció despacio, en tierra reposada y rica en organismo vivos. El otro lo hizo en invernaderos , en tierra desinfectada con gases, bañado en plaguicidas. Te explicamos todo lo que separa a un tomate ecológico de otro convencional.

Tomate pobre, tomate rico. Esta podría ser la historia de dos tomates que han compartido la misma cuna, pero a los que las circunstancias de la vida han conducido por caminos diferentes. Para diferenciarlos, puede hacerse una analogía con las distintas formas de cuidar de la salud. El cultivado de manera convencional será como la persona que corre a la farmacia ante el menor síntoma de enfermedad y tiene el armario repleto de potingues que se autoadministra. Suele tener todo tipo de dolencias que requieren cada vez más medicamentos. Mientras que el otro, el que cae sobre una tierra abonada naturalmente y respetada por el agricultor, correspondería a las personas que hacen una vida sana y atienden a sus necesidades globales para encontrar el equilibrio. Suelen estar poco enfermas y usan remedios naturales. Dos tomates, dos alternativas de vida. Esta es su historia.

1. En el semillero

Las semillas de los dos tomates proceden de una empresa generadora de semillas, que hace los cruces pertinentes en sus viveros para conseguir las variedades deseadas. Los dos tomates pueden ser o no de la misma variedad. Todas las semillas has sido tratadas con fungicidas para evitar enfermedades en el momento de la germinación, excepto las de tomate ecológico, porque el agricultor lo solicitó explícitamente. Las dos semillas germinan en un vivero, donde pasan la fase más delicada del crecimiento. La plántula del tomate ecológico debería tratarse según la normativa específica, pero actualmente no existe en España ningún viverista que la siga. Luego, las plántulas se transplantan al huerto.

2. Llegan a la tierra

Después de un cosecha y la temporada de cultivo que la precede, ola tierra ha perdido muchos de sus nutrientes. El tomate ecológico se planta en un suelo que habrá reposado durante unos meses, o donde se han cultivado antes legumbres o gramíneas, que captan el nitrógeno de la atmósfera y lo fijan en el suelo (el nitrógeno es uno de los principales nutrientes de las plantas, junto con el potasio y el fósforo).

Esta técnica, llamada abono verde, no se puede aplicar en cultivos en los que una alta productividad ininterrumpida de tomates es el principal parámetro a tener en cuenta. Además a la tierra del tomate ecológico se le aporta estiércol, proveniente de explotaciones ganaderas ecológicas en al menos un 80%. El tomate ecológico se planta también en un campo en el que la temporada anterior no hubo tomateras, para que los hongos que quedaron en el suelo no les afecte. Es la llamada rotación de cultivos.

El tomate convencional se cultiva, casi seguro, dentro de un invernadero, sobre un suelo desinfectado, para evitar que sea atacado por los hongos. Quizá se desinfectó previamente con calor, pero lo más probable es que se le inyecta bromuro de metilo, un gas altamente tóxico y que contribuye al crecimiento del agujero en la capa de ozono. La aplicación la realizó una empresa autorizada bajo estrictas medidas de seguridad. El campo se cubrió antes de la inyección con un plástico, que s e dejó de 2 a 4 días, y el tomate no se plantó hasta 12 días después. Ha tenido suerte, el agricultor es de los que respetan los plazos de seguridad.

Así, la tomatera convencional se encuentra con un suelo totalmente libre de cualquier ser vivo, tanto hongos como hierbas o microbios, perjudiciales o beneficiosos. Al contrario que su compañera ecológica, que tiene unas 25 toneladas de vida orgánica por hectárea, incluyendo las bacterias que captan el nitrógeno de la atmósfera y lo fijan al suelo, o las que transforman químicamente los minerales para que las tomateras los pueda asimilar. En el suelo donde se plantó la tomatera convencional quizás haya hierro, pero ella no lo podrá asimilar y tendrá que usar el que le aporten a través de los fertilizantes químicos, par lo cual requerirá una mayor cantidad de agua.

3. Tiempo de crecer

Las tomateras extienden sus raíces bajo el suelo y empiezan a crecer. El agricultor enrolla el tallo en unas cañas, si el huerto está al aire libre, o en unos hilos que cuelgan del techo, si la tomatera está en un invernadero. El tallo principal crece hacia arriba, gracias a la llamada gema pical. Lateralmente van naciendo otras gemas, pero tanto el agricultor convencional como el ecológico las rompen porque no quieren que crezcan ramas laterales, que formarían matas abultadas y espesas. Cuando las tomateras alcanzan cierta altura, les cortan la gema pical para frenar el crecimiento.

La tomatera convencional crece muy rápidamente, porque en el invernadero hace calorcito, no hay hierbas que estorben y ha sido nutrida con una gran cantidad de fertilizantes. El agricultor convencional ha hecho lo posible para que el crecimiento sea rápido porque las instalaciones le han costado muy caras y quiere amortizar la inversión. De esta forma consigue tres y hasta cuatro cosechas de tomates cada año. De hecho, la “agricultura altamente intensiva a pequeña escala” se define así : “Precocidad de la recolección de los frutos en relación al medio natural, y utilización de técnicas especificas que favorecen, aceleran y fuerzan la maduración de aquellos”. La tomatera ecológica crece a un ritmo más pausado. El agricultor sólo conseguirá dos cosechas en un año.

4. Madurez fecunda

Cuando llega la etapa de la polinización, se produce el llamado cuajado de la flor, para que de fruto, un proceso que se ve dificultado si hace demasiado calor o humedad o si falta viento. La tomatera convencional es pulverizada con fitohormonas para facilitar el cuidado, aunque el agricultor ha de tener cuidado de no excederse con la dosis ; en caso contrario lo tomates crecerán con malformaciones y a los consumidores no les gustarán. La tomatera ecológica recibirá la visita de unos abejorros que le ayudarán a cuajar.

Los primeros tomates que maduran son los de las partes bajas de la tomatera, y los últimos los de la parte superior. Estos últimos salen algo más pequeños en la tomatera ecológica, porque la planta está ya envejecida. A la tomatera convencional es posible que le hayan aplicado amoniaco para mantener el calibre de los tomates tardíos.

5. Combatir las plagas

La tomatera ecológica sabe que un motocultor es una máquina que corta las malas hierbas pocos centímetros por debajo del suelo. La tomatera convencional ha tenido que probar el sabor de alguno de los 18 herbicidas de síntesis autorizados en España.

Las plagas suelen aparecer en un área localizada del huerto, desde donde se van extendiendo a la totalidad del cultivo si no se consigue frenar. El agricultor ecológico observa cada día su posible aparición y, cuando descubre una, aplica el principio de “ante todo mucha calma” : mientras está localizada, espera a que los depredadores naturales la combatan, algo que ocurre con frecuencia. Atacarla inmediatamente impide justamente la multiplicación de los depredadores. Si no desaparece, el agricultor ecológico introduce él mismo depredadores o aplica fungicidas o insecticidas biológicos o minerales. Los plaguicidas son de contacto o de ingestión (el insecto u hongo tiene que entrar en contacto con ellos o ingerirlos para ser eliminado) y los aplica de forma localizada, pulverizando sólo las partes afectadas de la tomatera. Algún día recibe inesperadamente una inspección del Consejo regulador de Agricultura Ecológica de la comunidad autónoma, para certificar el correcto manejo del huerto.

El agricultor convencional, en cambio, aplica el principio de “cortar por lo sano” : en cuanto aprecia un síntoma, aplica un producto químico que lo elimine. Siempre quedan individuos resistentes, y a veces hace aplicaciones mañana y tarde, porque las plagas se reproducen con mucha facilidad. También tiene plaguicidas de contacto o de ingestión, pero usa cada vez más productos sistémicos. Estos se suministran a través del agua de riego, penetran en la sabia de la planta y eliminan la plaga allá donde se halle, de forma que se ahorra el trabajo de localizarla, pero “impregnan” todo el producto.

El agricultor convencional sabe que hay normativas de seguridad para los fitosanitarios : no puede recoger los tomates hasta cierto número de días después de la aplicación. Pero a veces, ante la alternativa de perder una parte de la cosecha o saltarse la norma, opta por lo segundo.

Es difícil dar datos comparativos del porcentaje de cosechas perdidas por las plagas en los distintos tipos de cultivo. Son muchos los factores que intervienen en cada caso. Pero un 10% de pérdidas puede considerarse normal en cualquier tipo de cultivo.

6. A punto de consumir

Después de la cosecha, los tomates procedentes de grandes explotaciones se llevan a las naves de empresas envasadoras y distribuidoras. Los destinados a grandes superficies se ponen en bandejas de porexpan envueltas con una película de plástico y se etiquetan. Se guardan en cámaras a una temperatura de 9 a 11 grados y son transportados en camiones también refrigerados. Un 80% de los tomates pasa por el mercado central de alguna provincia.

Algunos agricultores pequeños llevan directamente los tomates hasta un punto de venta local. Salvo en Andalucía y Extremadura, donde los cultivos ecológicos son a gran escala y se destinan mayormente a la exportación, en las demás comunidades la producción ecológica es pequeña en comparación con la convencional, y la mayor parte se vende localmente. De hecho, el poco número y la dispersidad geográfica de productores y consumidores de productos ecológicos hace que la distribución se convierta en el factor que más influye en el mayor precio de estos productos.

Aquí acaba la historia. El tomate ecológico será consumido por alguien que ha tomado la decisión conscientemente. El convencional lo compramos casi sin darnos cuenta de lo que hacemos.

Alto rendimiento

La productividad actual (entre 5 y 7 veces superior a la de hace 50 años) se ha conseguido sobre todo gracias a la mejora genética, de la que se aprovechan todas las formas de cultivo. La agricultura convencional acelera el crecimiento mediante fertilizantes de síntesis, mientras que la ecológica usa otras técnicas. Por ejemplo, un cortavientos de árboles en los límites del huerto aumenta la productividad en un 20%

Los males de los plaguicidas de síntesis.

• En general son neurotóxicos, es decir, actúan sobre el sistema nervioso, y se han tipificado unos 250 síntomas relacionados con ellos. De hecho, se admite que cada año mueren miles de campesinos en el mundo por su uso. Pero es difícil demostrar las relaciones causa-efecto, porque a veces los síntomas aparecen semanas después de la exposición o ingestión. Además, hay que tener en cuenta que no se dedican a esta investigación inversiones importantes.

• El bromuro de metilo, usado en el cultivo del tomate para desinfectar los invernaderos, está prohibido en varios países y se espera que pronto se prohiba aquí.

• Hay que cumplir un plazo de seguridad antes de recoger los frutos. Respetarlo depende casi exclusivamente de la ética del agricultor.

• Si los plaguicidas son sistémicos, penetran en la planta, de forma que resulta inútil lavar los frutos antes de comerlos. Si no son específicos, eliminan también la fauna útil y los individuos resistentes pueden proliferan más rápidamente por la ausencia de depredadores.

• Las cepas de plagas resistentes se multiplican con facilidad, por lo que hay que sintetizar nuevos productos continuamente. El ritmo de aparición de nuevos plaguicidas hace dudar de que se hayan probado debidamente (también es dudoso que se pueda demostrar categóricamente su inocuidad).

• Los residuos se esparcen por el aire, el suelo y las aguas subterráneas. Existen registros públicos de los residuos en alimentos, pero su consulta en menos accesible de lo que debería. Si la estructura química de los plaguicidas es estable, se pueden acumular en los tejidos a través de la cadena trófica.


Texto de Montse Peiron para la Revista Integral de abril de 2001

http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=2392

Publicado por Montse Peiron el 17 de Febrero, 2008, 12:42 | Comentar | Referencias (0)

 

 

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