Octubre del 2007
Supermercados: agricultura y alimentación S.A.
En los últimos años, nuestra manera de comprar, de alimentarnos y de
relacionarnos con la tierra ha dado un giro de 180º. Las tiendas de barrio, los
mercados campesinos, los alimentos de proximidad, el conocimiento del entorno
rural han ido menguando en favor de una creciente mercantilización de la
agricultura y la alimentación.
A partir de los años 70 y 80, en el
Estado español empezaron a generalizarse los supermercados y los hipermercados
como una nueva manera de hacer la compra, más rápida y práctica, dónde varios
productos se podían encontrar en un mismo lugar. La consolidación de este nuevo
modelo de establecimiento, lo que se ha venido a llamar “la distribución
moderna”: supermercados, hipermercados, cadenas de descuento... ha cambiado el
dónde, el cómo y el qué consumimos generando graves impactos en el pequeño
productor y campesino, en el comercio local, en el medio ambiente, en las
condiciones laborales de los trabajadores y en el modelo de consumo.
Por
poner un ejemplo, en la producción alimentaria: el control que ejerce la
distribución moderna de toda la cadena de comercialización de un producto ha
hecho que los campesinos cada vez ganen menos con lo que venden y los
consumidores tengamos que pagar más por aquello que compramos, siendo la
distribución moderna la gran beneficiaria. Es lo que se ha venido a denominar
como teoría del embudo: millones de consumidores por un lado, miles de
campesinos por el otro y tan sólo unas pocas cadenas de distribución, que en
medio de este proceso, se quedan todo el beneficio monopolizando el sector. No
en vano, en el año 2005, el precio del limón aumentaba un 2.000% del precio en
origen al precio en destino, siendo la distribución moderna quien se quedaba
todo el beneficio.
En el Estado español, cinco grandes grupos controlan
la distribución de más de la mitad de los alimentos que se compran: Carrefour
(23,7% de la cuota de mercado), Mercadona (16%), Eroski (7,4%), Alcampo (6,1%) y
el Corte Inglés (2,3%). Y es que el 80% de nuestras compras se llevan a cabo en
supermercados, hipermercados y cadenas de descuento.
Frente a esta
situación, ¿qué podemos hacer? En primer lugar es fundamental tomar conciencia
del impacto de este modelo de distribución (supermercados, hipers...) en
nuestro entorno y las consecuencias que tiene la compra en estos
establecimientos. A partir de aquí es necesario buscar alternativas concretas
que nos permitan llevar a cabo un modelo de consumo alternativo: como la compra
a través de circuitos cortos de comercialización en el mercado, en la tienda
de barrio... Es necesario que nos informemos de dónde viene y cómo ha sido
producido aquello que consumimos y en la medida de las posibilidades entrar a
formar parte de una cooperativa de consumidores de productos ecológicos que nos
permitirá informarnos, trabajar colectivamente y desarrollar modelos de consumo
alternativos.
LQSomos. Esther Vivas. Octubre de 2007 Publicado en La Directa, nº 62.
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Por Esther Vivas - 26 de Octubre, 2007, 23:57, Categoría: General
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CHIPIRONES EN SU TINTA CON ARROZ
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Simplemente
quería dejar un apunte en mi blog sobre un plato no muy complicado que
a mi me ha dado mucho placer siempre y también en días pasados.
El arroz blanco con chipirones en su tinta no es la cosa más complicada del mundo. Pero a mi me lleva a la felicidad por unos minutos.
Nada más. Simplemente dejo señalado el placer que me produce esta mezcla de arroz y cefalópodos. http://leolo.blogspirit.com/archive/2007/10/13/chipirones-en-su-tinta-con-arroz-blanco.html
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Por LEOLO - 26 de Octubre, 2007, 23:54, Categoría: Recetas
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El Derecho a la Alimentación
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La principal norma internacional sobre el Derecho a la Alimentación
está contenida en el artículo 11 de la Convención Internacional sobre
los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. De acuerdo con esa
norma, el hambre debe ser eliminada y los pueblos deben tener acceso
permanente a la alimentación adecuada, cualitativa y cuantitativamente,
garantizando la salud física y mental de los individuos y de las
comunidades, además de una vida digna.
De acuerdo con la Convención Internacional de los Derechos Económicos,
Sociales y Culturales, los Estados tienen la obligación de “respetar,
proteger y garantizar” el derecho a la alimentación. Respetar ese
derecho significa que los Estados no pueden obstruir o dificultar el
acceso de la población a la alimentación adecuada, como en el caso de
desalojos de trabajadores rurales de sus tierras, en especial de
aquellos que dependen de la agricultura como forma de subsistencia. La
Convención prohíbe igualmente que los Estados utilicen sustancias
tóxicas en la producción de alimentos.
Además, la Convención establece los principios de la no-regresión y de
la no-discriminación, en relación a la aprobación de leyes que
garanticen el acceso a la alimentación. Eso significa que los gobiernos
no deben aprobar leyes que dificulten la organización social en pro de
ese derecho. Al contrario, los gobiernos deben facilitar la
organización de la sociedad para el acceso a la tierra, al trabajo y a
la protección del medio ambiente. Los Estados deben garantizar el
derecho universal a la alimentación a través de acciones y medidas
concretas que protejan grupos sociales vulnerables y propicien los
medios necesarios para que ellos puedan alimentarse.
En agosto de 2007, el Relator Especial sobre el Derecho a la
Alimentación, Jean Ziegler, presentó un informe a la Asamblea General
de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que contiene informaciones
sobre los acontecimientos más recientes en este periodo. La primera
preocupación del Relator se refiere al aumento creciente de personas
hambrientas en el mundo -eran cerca de 800 millones en 1996 y hoy son
aproximadamente 854 millones-. El informe alerta además que más de seis
millones de infantes, con menos de cinco años, mueren anualmente a
consecuencia de enfermedades relacionadas con el hambre.
El Relator caracteriza esa situación como “inaceptable”. Según Ziegler,
“el hambre no es inevitable. Es una violación de los derechos humanos.
En un mundo que está más rico que nunca, más personas que nunca siguen
padeciendo malnutrición, hambre e inanición. El mundo puede producir
alimentos suficientes para alimentar el doble de toda la población
mundial”.
El segundo punto del informe, que recibe gran destaque, es la
preocupación con la creciente utilización de alimentos básicos para la
producción de agrocombustibles. “El Relator Especial está gravemente
preocupado porque los biocombustibles tendrán como secuela el hambre.
La prisa súbita y mal concebida de convertir alimentos -tales como
maíz, trigo, azúcar y aceite de palma- combustibles augura un desastre.
Existe el grave riesgo de crear una batalla entre los alimentos y los
combustibles, que dejará a los pobres y los que padecen de hambre en
los países en desarrollo a merced de los precios en rápido aumento de
los alimentos, la tierra y el agua”.
El Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas
Alimentarías (IIPA) estima que la producción de agrocombustibles puede
causar un aumento del 20% en el precio del maíz y del 26% en el precio
de la soja y de la semilla de girasol hasta el 2010. Estudios del IIPA
alertan que el número de personas que sufren de desnutrición debe
aumentar en 16 millones por cada punto porcentual en el incremento de
los precios de alimentos básicos.
La producción de agrocombustibles demanda además una gran cantidad del
agua, en un contexto extremadamente preocupante. Según cálculos de la
ONU, 1,2 mil millones de personas no tienen acceso al agua potable y
2,4 mil millones no tienen acceso a saneamiento básico. Todos los años,
cerca de dos millones de infantes mueren por enfermedades causadas por
agua contaminada. En los países más pobres, uno de cada cinco infantes
muere antes de los cinco años de edad por enfermedades relacionadas a
la contaminación del agua. El Relator Especial sobre el Derecho a la
Alimentación, Jean Ziegler, caracteriza esa situación como “genocidio
silencioso.”
El agua es un recurso natural insustituible. Caso se mantenga el actual
ritmo de destrucción de sus fuentes, la mitad de la población mundial
quedará sin acceso al agua potable en un periodo de sólo 25 años. El
aumento de los monocultivos para la producción de agroenergía tiende a
profundizar la violación del derecho fundamental de acceso al agua para
consumo humano.
Cada litro de etanol producido a partir de la caña de azúcar, en
circuito cerrado, consume cerca de 12 litros de agua. Esta cantidad no
incluye el agua utilizada en el cultivo, que en el caso de los
monocultivos irrigados el consumo es mayor. Según el profesor David
Pimentel, de la Universidad de Cornell, por cada kilo de maíz
producido, se gasta de 500 a 1.500 litros del agua. Y para producir un
litro de etanol a base de maíz, el gasto es de 1.200 a 3.600 litros del
agua. Por lo tanto, la producción de agroenergía representa un riesgo
de mayor escasez de fuentes naturales y acuíferos.
En su más reciente informe a la Asamblea General de la ONU, el Relator
Especial sobre el Derecho a la Alimentación recomienda que “se declare
una moratoria de cinco años sobre la producción de biocombustibles con
los métodos modernos para que haya tiempo suficiente de idear
tecnologías y establecer estructuras reguladoras para la protección
contra los efectos negativos ambientales, sociales y para los derechos
humanos”. (Traducción ALAI).
- Maria Luisa Mendonça es periodista y coordinadora de la Red Social de Justicia y Derechos Humanos.
http://alainet.org/active/20236〈=es
Documentos Relacionados: El derecho a la alimentaci�n - Ziegler Jean [2007-10-18] |
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Por ALAI - 26 de Octubre, 2007, 23:49, Categoría: Nutrición
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