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Las varias acepciones del poco empleado verbo “pringar” se ajustan
didácticamente al contenido de este artículo. Pringar se deriva de
“pringor” (jugo, sustancia) y de “pringue”, grasa que suelta el tocino
u otra cosa sometida a la acción del fuego.
El amasijo mezclado
en la olla con carne, tocino y chorizo se llama “pringote”. Ejemplos de
alimentos pringosos serían los engullidos por 46 millones de personas
que en el mundo concurren a diario a los 30 mil restaurantes de
McDonald’s, la cadena de hamburguesas más grande del planeta (Fortune, 2002).
En
sentido figurado (y curioso) el diccionario reconoce que pringar es
tomar parte en un negocio o dependencia. Sería el caso de Ángel Lastra
Martínez, médico veterinario zootecnista por la UNAM, uno de los dos
especialistas mexicanos que emplean la tecnología de bipartición de
embriones de ganado vacuno, avanzado método de reproducción de animales
en serie.
Con posgrados en microbiología por la Universidad de Manchester y el Colegio Real de Medicina Veterinaria de Londres (Proceso
No. 1240, agosto 2000), el doctor Lastra Martínez ha recibido varios
reconocimientos internacionales. Entre éstos, el que le otorgó la reina
Isabel de Inglaterra por haber descubierto la enfermedad conocida como phyelonefritis (cistitis
en los cerdos). O sea, un total desconocido para la candidata
presidencial Paty Chapoy y otros genios de la cultura nacional.
El
caso es que en 1991, decenio en que México ingresó al primer mundo por
la puerta de la cocina, Lastra Martínez organizó una empresa y obtuvo
en el centro de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, dos de las 130
franquicias que McDonald’s tenía en el país (casi el doble, hoy). A
finales de la década, el doctor estaba en quiebra. Y no precisamente
por falta de “talento empresarial”.
Lastra Martínez cometió un
“error”: se negaba, en sus restaurantes, a preparar alimentos con
carne, verdura, pan y lácteos en estado de descomposición,
suministrados por la empresa Apelco SA de CV. “Las lechugas venían con
mucha basura, incluidas piezas metálicas, como tornillos o tuercas… el
pan llegaba con vidrios de hielo y se descomponía en los hornos”,
declaró a Proceso.
En 1998 el caso llegó a los
tribunales. La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural
(Sagar) verificó la introducción de carne de pollo y puerco sin los
registros sanitarios de ley y con fecha de caducidad hacia las
franquicias en los estados de Coahuila y Nuevo León. “Interesante”,
dijeron las autoridades de la Sagar. Ronald McDonald’s, el pringoso y
siniestro payaso de la trasnacional, destruyó al científico metido a
empresario.
“Macdonalización” y otros términos similares
(“cocalización”, “walmartización”) se han convertido en los favoritos
de quienes con imaginación los han convertido en sinónimo de
“imperialismo yanqui”: explotación, ruina, saqueo, desnutrición, muerte.
En
abril de 2005, la firma fue demandada por dos familias del popular
barrio Bronx, Nueva York, a causa de los problemas de salud que
presentaban sus hijos. Los padres de Jazlyn Bradley y Ashley Pelman
denunciaron que sus hijos desarrollaron diabetes, obesidad, problemas
cardiacos y altos niveles de colesterol.
Aquí es importante
señalar que 90 por ciento de los niños de Estados Unidos consumen
productos de McDonald’s entre tres y cinco veces por semana, durante
años. Según el escritor Eric Schlosser, autor de Fast Food America,
los estadunidenses gastaron en 2000 unos 110 mil millones de dólares en
comida rápida, más que en la enseñanza universitaria o los automóviles.
En
2002, las investigaciones de Schlosser y otros especialistas obligaron
a McDonald’s al retiro progresivo de los aceites hidrogenados en la
elaboración de las papas fritas, con alto contenido innecesario de
ácidos transgrasos, “potentes promotores de enfermedades cardiacas”.
En
febrero de 2006, la trasnacional aceptó pagar 8.5 millones de dólares
para evitar un juicio por una demanda presentada por la organización
Ban Trans Fat, de California, misma que en 2005 logró que la firma
Kraft Foods retirara las grasas insaturadas de sus snacks, entre ellos las populares galletas Oreo.
Por otro lado, la revista especializada Food Magazine
lanzó el mes pasado una campaña advirtiendo acerca de la falsa
publicidad de McDonald’s con respecto al uso de aceite de cocina
hidrogenado. La campaña advierte que en Estados Unidos la sustitución
en la alimentación de grasa parcialmente hidrogenada evitaría unas 30
mil muertes anuales prematuras por enfermedades coronarias.
Según Food Magazine,
en 2003 Dinamarca fue el primer país que introdujo restricciones en el
uso de aceites transgrasos que contengan más de 2 por ciento de aceite
y productos transgrasos, como los que se consumen masivamente en México.
¿La
Organización Mundial de la Salud dispone ya de cifras aproximadas de
personas fallecidas o que padecen de obesidad y trastornos
cardiovasculares por ingerir los alimentos diseñados por McDonald’s en
su cuartel general de Oak Brook, Illinois? Y en México… ¿quién le pone
el cascabel al gato? http://www.jornada.unam.mx/2007/09/19/index.php?section=opinion&article=026a2pol
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