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Llevarla hasta la mesada en un instante de arrebato y tentación,
desafiar mi habilidad para obtener simétricas partes bajo mi acero.
Presionar su cuerpo abierto, sentir su piel como una inagotable fuente,
ante el arreo incondicional de mis manos, guiar sus movimientos venciendo cualquier resistencia aparente,
estallar su interior poco a poco y explorar la química de sus poros.
Ese dulce rocío enloquecedor de paladares deseosos.
Luego...
tomar la otra mitad y repetir la experiencia, exprimiendo con energía hasta obtener un delicioso jugo de naranja...
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